Viernes 26 de junio 2026
- Fr. Rómulo Vásquez Gavidia, OP

- hace 10 horas
- 2 min de lectura
XII semana TO
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo 8, 1-4
Al bajar Jesús del monte, lo siguió mucha gente.
En esto, se le acercó un leproso, se arrodilló y le dijo: «Señor, si quieres, puedes limpiarme». Extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero, queda limpio». Y en seguida quedó limpio de la lepra.
Jesús le dijo: «No se lo digas a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega la ofrenda que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio».
Reflexión
“Señor, si quieres puedes limpiarme”
Jesús ha terminado sus enseñanzas en el Monte. Al bajar le sigue mucha gente, porque han visto en él un auténtico maestro, que enseña con autoridad. Los discípulos han tenido un tiempo de aprendizaje, a manera de un curso intensivo. Ahora, mientras bajan del Monte, tienen la oportunidad de aprender en la vida real. Nos dice el evangelio de hoy que mientras bajaban se les presenta un leproso que, de rodillas, suplica a Jesús: “Señor, si quieres puedes limpiarme”. Los discípulos deben ver en la realidad cómo cumplir la Ley, pues en ella se lee que un leproso debe ser aislado, no debe acercarse a los demás para evitar el contagio. ¿Qué hacer aquí? ¿Cómo actuará Jesús, el Maestro?
El evangelio nos dice que el leproso se puso de rodillas, reconociendo a Jesús como Señor. Este reconocimiento es una gran lección para los discípulos que están presenciando el actuar de Jesús. Ellos todavía no se han postrado ante Jesús; el leproso, que no ha estado presente en las enseñanzas del Sermón del Monte, les da una gran enseñanza: reconoce a Jesús como Señor, que viene a ser una adoración, acto que solo se hace a Dios. Desde esa convicción de Jesús como Señor, el leproso suplica: “Señor, si quieres puedes limpiarme”.
El leproso quiere quedar sano, pues la lepra le ha quitado su dignidad de persona como tal: no puede comunicarse con nadie, no tiene acceso al templo, es una persona castigada incluso por el mismo Dios, según las enseñanzas de la Ley (Nm 12,10). Estaba obligado a decir “impuro, impuro”, para que no se le acerquen las personas. Pero este leproso, al encontrarse ante Jesús, no dice la palabra “impuro”, sino que aprovecha la oportunidad para pedir la curación. Jesús lo toca, y este tocamiento le devuelve la salud, su dignidad como persona.
También nosotros podemos estar aislados por nuestras lepras espirituales, por las faltas y pecados cometidos. Aprendamos del leproso a confiar en Jesús, quien también nos quiere tocar para curarnos y reintegrarnos a la comunidad de fe. No nos conformemos de sabernos leprosos, acudamos al juez que nos puede perdonar y darnos la oportunidad de vivir como personas y como hijos de Dios que confían en su amor.




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