Sábado 27 de junio 2026
- Fr. Rómulo Vásquez Gavidia, OP

- hace 9 horas
- 3 min de lectura
XII semana TO
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo 8, 5-17
En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole: «Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho».
Le contestó: «Voy yo a curarlo».
Pero el centurión le replicó: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: “Ve”, y va; al otro: “Ven”, y viene; a mi criado: “Haz esto”, y lo hace».
Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían: «En verdad les digo que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Les digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; en cambio, a los hijos del reino los echarán fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes».
Y dijo Jesús al centurión: «Vete; que te suceda según has creído».
Y en aquel momento se puso bueno el criado. Al llegar Jesús a la casa de Pedro, vio a su suegra en cama con fiebre; le tocó su mano y se le pasó la fiebre; se levantó y se puso a servirle.
Al anochecer, le llevaron muchos endemoniados; él, con su palabra, expulsó los espíritus y curó a todos los enfermos para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías: «Él tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades».
Reflexión
“Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; pero una palabra tuya bastará para sanarme”.
El evangelio de hoy nos presenta a Jesús sanando al siervo de un centurión y a la suegra de Pedro y a muchos otros enfermos. En este acontecimiento, los discípulos van a aprender de la fe inquebrantable y la humildad del Centurión, que le dice a Jesús: “Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano”. Y de Jesús, los discípulos aprenderán su poder de Mesías compasivo, que carga con nuestras dolencias y enfermedades, el rostro de Dios misericordioso.
El Centurión es un extranjero y militar. Muestra una fe que le lleva a Jesús a sorprenderse, pues eso no lo había visto en la gente de Israel. El Centurión reconoce la autoridad divina de Jesús y pronuncia una frase de profunda humildad y confianza, que la Iglesia en su Liturgia la considera digna de ser ejemplo de humildad en nuestra mirada hacia Jesús presente en el Pan consagrado y convertido en Cuerpo de Cristo: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme”.
El Centurión expresa su experiencia de rangos y sabe que con solo dar una orden se cumple. Así, su fe le enseña que la distancia no es un límite para el poder de Dios. Su fe es realmente viva, en la línea de lo que dijo Jesús a sus discípulos: “si tuvieran la fe del tamaño de un grano de mostaza le hablarían al árbol de sicomoro, ese árbol se movería y se iría al mar” (Mt 17,20).
La acción de Jesús ante el siervo del Centurión, la mujer de Pedro, y los demás enfermos, va en línea con la profecía de Isaías: “Él tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades” (Is 53,4). La acción de Jesús está siempre en la línea de la voluntad de Dios anunciada por sus servidores, los profetas.




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