Viernes 05 de junio 2026
- Fr. Rómulo Vásquez Gavidia, OP

- 1 jun
- 2 min de lectura
IX semana TO
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Marcos 12, 35 - 37
En aquel tiempo, mientras enseñaba en el templo, Jesús preguntó: «¿Cómo dicen los escribas que el Mesías es hijo de David? El mismo David, movido por el Espíritu Santo, dice: "Dijo el Señor a mi Señor: siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies". Si el mismo David lo llama Señor, ¿Cómo puede ser hijo suyo?».
Una muchedumbre numerosa le escuchaba a gusto.
Reflexión
“¿Cómo puede ser el Mesías hijo de David?”.
El evangelio de hoy presenta a Jesús corrigiendo la visión limitada que tenían los líderes religiosos judíos sobre el Mesías. Cristo no sólo un rey humano y descendiente de David, sino también su Señor, revelando así su origen divino.
La intención de Jesús al hacer la pregunta a los escribas no era hacer polémica, sino enfrentarlos con una cuestión que les daría la clave para entender las profecías mesiánicas y la persona del Mesías. Cristo es una palabra griega, equivalente a Mesías en Hebrero, que significa “Ungido”. La razón para este título es que en los tiempos antiguos, cuando se coronaban a los reyes se hacía ungiéndolos con aceite.
Jesús hizo referencia a la acertada deducción que los escribas habían hecho de que el Mesías había de ser “hijo” o descendiente del rey David. De hecho, esto era algo que todos los judíos creían. Dios había prometido por medio del profeta Natán. En aquella ocasión el rey David había manifestado el deseo de construir una casa al Señor, pero Dios le mandó al profeta para decirle que no será él el que construya la casa, sino que lo hará su hijo, que heredará el trono para siempre. Cuando Jesús ejercía el ministerio, le decían: “Hijo de David, ten piedad de mí (Mc 10,47; 11,10).
Para nosotros, Jesús es descendiente de David, en el marco terrenal, pero y lo más importante, su origen es divino.




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