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Miércoles 17 de junio 2026

  • Foto del escritor: Fr. Rómulo Vásquez Gavidia, OP
    Fr. Rómulo Vásquez Gavidia, OP
  • 15 jun
  • 3 min de lectura

XI semana TO


Evangelio 


Lectura del santo evangelio según san Mateo 6, 1-6. 16-18


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Cuiden de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendrán recompensa de su Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles para ser honrados por la gente; en verdad les digo que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Cuando oren, no sean como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vean los hombres. En verdad les digo que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará.

Cuando ayunen, no pongan cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad les digo que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará».


Reflexión


“Cuiden de no practicar su justicia para que los vean”


Seguimos escuchando las enseñanzas del Sermón del Monte dadas por Jesús. El día de hoy nos enseña sobre las prácticas espirituales, como la limosna, la oración y el ayuno, que deben hacerse por devoción sincera a Dios y no para buscar la validación humana. El creyente no debe dejarse contagiar por la hipocresía espiritual de personas que buscan siempre ser reconocidas por todo lo que hacen de bueno, sino que debe ser siempre auténtico en su relación íntima con Dios y con las cosas de Dios. 


Jesús advierte del peligro de hacer el bien para ser elogiados por las personas. Cuando la motivación principal es la aprobación social, la acción pierde su valor espiritual y se reduce a un acto de vanidad. Con frecuencia solemos caer en la vanidad espiritual, en la forma sutil y peligrosa del orgullo, en la búsqueda de sentirse superior o más virtuoso que los demás debido a sus prácticas, conocimientos o logros espirituales, cuya finalidad es el reconocimiento ajeno y juzgando a quienes consideran menos elevados.  Jesús nos pide ser humildes y confiados en la certeza de que Dios sabe ver nuestras motivaciones, lo que hay en cada corazón, porque “ve en lo secreto”.


Los cristianos viven prácticas espirituales desde la intimidad (“en lo secreto”). Es muy importante los espacios para estar a solas con Dios, como lo solía hacer él constantemente, pues la fe no necesita reflectores ni aplausos. Nuestra recompensa no son los aplausos de la gente, sino el estar en plena comunión con el Padre Dios que nos ama y quiere lo mejor para nuestra vida. Dios bendice la sinceridad de los corazones humildes. Los humildes sostienen el mundo en silencio. Su grandeza no radica en los aplausos, sino en la resiliencia, la empatía y la capacidad de apreciar lo esencial.


 
 
 

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