Martes 23 de junio 2026
- Fr. Rómulo Vásquez Gavidia, OP

- hace 12 horas
- 2 min de lectura
XII semana TO
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo 7, 6. 12-14
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No den lo santo a los perros, ni les echen sus perlas a los cerdos; no sea que las pisoteen con sus patas y después se revuelvan para destrozarles. Así, pues, todo lo que desean que los demás hagan con ustedes, háganlo ustedes con ellos; pues ésta es la Ley y los Profetas. Entren por la puerta estrecha. Porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos.
¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos».
Reflexión
“Qué angosto el camino que lleva a la vida”
Seguimos disfrutando de las enseñanzas del Sermón del Monte. El texto de hoy nos ofrece tres claves fundamentales para una vida íntegra: discernimiento al compartir la verdad, la regla de oro del respeto mutuo y el compromiso de elegir el camino correcto que nos lleva a la vida eterna.
En cuanto al discernimiento, nos enseña a no desperdiciar mensajes sagrados o verdades valiosas ("perlas") con personas que no solo las despreciarán, sino que podrían usarlas para atacar; los discípulos deben saber con quién compartir nuestras convicciones más profundas. Hay que tener gran respeto por las ofrendas sagradas que se consagran, para no profanar el santo nombre de Dios (Cf. Lv 22,1-2).
En cuanto a la Regla de Oro, el pilar de la empatía, tratar a los demás como queremos ser tratados, se trata de un mandato activo de hacer el bien. Sería diferente el mundo si todos siguiéramos esta regla. Esto es un mandato que nos desafía, pues, “ésta es la Ley y los Profetas”. No es un estándar jurídico, sino el camino del verdadero amor, el camino de la paz.
En cuanto al camino correcto, se trata de elegir “la puerta estrecha y el camino angosto que nos llevan a la vida”. La imagen de la puerta se repite varias veces en el evangelio y se refiere a la puerta de la casa, del lugar doméstico, donde encontramos seguridad, amor, calor. Jesús es esa puerta que nos hace entrar en la familia de Dios, en el calor de la casa de Dios, en la comunión con él. Jesús es el paso hacia la salvación, el que conduce al Padre. Él es la puerta que está siempre abierta para todos, sin exclusiones. Sin embargo, se trata de una puerta estrecha, no todos la prefieren. El Reino es un don y, al mismo tiempo, una exigencia. Hay que elegir el camino angosto que nos lleva a la puerta estrecha, la puerta que solo se traspasa con los actos concretos de amor al prójimo, abandonando el egoísmo, requiriendo humildad, esfuerzo y una vida delineada a la voluntad de Dios. Solo los que eligen la puerta estrecha y el camino angosto entrarán en el Reino de Dios. A nadie se excluye la salvación, pero se requiere acogida en libertad.




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