Martes 02 de junio 2026
- Fr. Rómulo Vásquez Gavidia, OP

- 1 jun
- 2 min de lectura
IX semana TO
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Marcos 12, 13 - 17
En aquel tiempo, enviaron a Jesús algunos de los fariseos y de los herodianos, para cazarlo con una pregunta. Se acercaron y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres veraz y no te preocupa lo que digan; porque no te fijas en apariencias, sino que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad. ¿Es lícito pagar impuesto al César o no? ¿Pagamos o no pagamos?».
Adivinando su hipocresía, Jesús les replicó: «¿Por qué me tientan? Tráiganme un denario, que lo vea».
Se lo trajeron. Y él les preguntó: «¿De quién es esta imagen y esta inscripción?». Le contestaron: «Del César». Jesús les replicó: «Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».
Y se quedaron admirados.
Reflexión
“Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.
El evangelio de hoy nos presenta a Jesús rodeado por partidarios de Herodes y algunos fariseos. Estos personajes están queriendo hacer caer a Jesús en una trampa, haciéndole declarar sobre el impuesto al César. Si Jesús decía que sí, habría motivos para considerarlo un traidor; si decía que no, le acusarían de rebelde, revolucionario contra el orden público. En ellos había una mala intención encubierta de bondad, de falsos halagos, como el de “Maestro, sabemos que eres veraz y no te preocupa lo que digan; porque no te fijas en apariencias, sino que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad”.
La respuesta de Jesús trae consecuencias: se desarma la hipocresía de los fariseos y herodianos; cumplir con la sociedad (al César lo que es del César), reconociendo el valor de la sociedad civil y la importancia de cumplir con las leyes, impuestos y el bienestar común: un buen cristiano debe ser también un buen ciudadano; se marca el límite terrenal y se establece la jerarquía definitiva (a Dios lo que es de Dios).
¿Cómo sabemos si estamos dando al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios? En la primera lectura leemos: “esperamos unos cielos nuevos y una tierra nueva en los que habite la justicia” (2 P 3, 12-18). El buen cristiano sabe equilibrar entre sus deberes de ciudadano y el compromiso con las cosas espirituales. Con las palabras del autor sagrado (primera lectura) nos animamos mutuamente: “Estén en guardia para que no les arrastre el error de esa gente sin principios ni decaiga su firmeza. Por el contrario, crezcan en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él la gloria ahora y hasta el día eterno”. Amén




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