Domingo 07 de junio 2026
- Fr. Rómulo Vásquez Gavidia, OP

- 5 jun
- 2 min de lectura
X semana TO
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 51 - 58
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo».
Disputaban los judíos entre sí: «Cómo puede éste darnos a comer su carne?».
Entonces Jesús les dijo: «En verdad, en verdad les digo: si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de sus padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».
Reflexión
“Yo soy el Pan vivo”
Hoy celebramos la solemnidad del Corpus Christi. El evangelio nos presenta a Jesús identificándose como el “Pan vivo bajado del cielo”. Jesús, el Pan vivo, invita a todo creyente a alimentarse de él para tener vida eterna, para vivir en él, es decir, en Dios: “el que come mi carne y bebe mi sangre tendrá vida eterna y yo lo resucitaré en el último día”.
Es muy importante la obediencia a este mandato de Jesús de alimentarnos de su carne y sangre. Todos los que creemos en él y en sus enseñanzas celebramos y participamos activamente en la Eucaristía; en la Iglesia, el sacramento de la Eucaristía es el centro y culmen de la vida cristiana. No hay otro culto superior a este sacramento. La verdadera fidelidad a lo que Jesús ha enseñado es vivir practicando, entre todas las enseñanzas, alimentándonos del Pan vivo, que es su carne y su sangre: “mi carne es verdadera comida, mi sangre es verdadera bebida”. Esto lo creemos, porque Jesús “tiene palabras de vida eterna” (Jn 6,68).
San Pablo, cuando habla de la Eucaristía, dice: “El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión de la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión del cuerpo de Cristo?” (1Co 11,16-17). Alimentarnos del Pan vivo nos hace vivir con los mismos sentimientos de Jesús: amor, justicia, bondad, servicio, etc.




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