Sábado 13 de junio 2026
- Fr. Rómulo Vásquez Gavidia, OP

- 9 jun
- 2 min de lectura
X semana TO
Inmaculado Corazón de la Virgen María
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas 2,41-51
Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. Éstos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca. A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas; todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba. Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.» Él les contestó: «¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debía estar en la casa de mi Padre?» Pero ellos no comprendieron lo que quería decir. Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón.
Reflexión
“Su madre conservaba todo esto en su corazón”.
El evangelio de hoy nos presenta a la Sagrada Familia en peregrinación a Jerusalén, donde Jesús, sin avisar, se había quedado en el templo, atraído por las cosas de Dios. Cuando sus padres lo encuentran, María le hace saber al Niño Jesús sobre la preocupación que les ha dado su ausencia; después de escuchar las razones del Niño, María hace silencio, conservando las cosas en su corazón.
Hoy celebramos la fiesta del Inmaculado corazón de María. Es una fiesta de honra a la fuerza, el amor incondicional y la vida interior de la Virgen María. Esta devoción nos invita a mirar el corazón de María que estuvo libre de todo pecado, dispuesto a guardar y meditar la Palabra de Dios, a contemplar sus dolores y alegrías compartidos junto a Jesús. Venerar el inmaculado corazón de María nos lleva a fortalecer nuestra esperanza en la vida eterna, pues ella, en Fátima, ha prometido su asistencia en la hora de la muerte y las gracias necesarias para la salvación, a quienes, con humildad, cumplan sus consejos: confesarse, comulgar, rezar el Rosario…
Teniendo a María como madre nos fortalece en nuestra confianza en Dios y podemos decir a Dios con el salmo de hoy: “Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne descansa serena. Porque no me entregarás a la muerte, ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción” (Sal 15).
Santa María, ruega por nosotros.




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