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Miércoles 15 de julio 2026

  • Foto del escritor: Fr. Rómulo Vásquez Gavidia, OP
    Fr. Rómulo Vásquez Gavidia, OP
  • 10 jul
  • 2 min de lectura

XV semana TO


Evangelio 


Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 25-27


En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien.

Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar».


Reflexión


“Todo me ha sido entregado por mi Padre”.


El día de ayer el evangelio nos presentaba a Jesús condenando la indiferencia de los pueblos Corozaín, Betsaida y Cafarnaúm, advirtiendo que serían juzgadas severamente en el día final, por su falta de conocimiento de Dios. En el evangelio de hoy Jesús da gracias al Padre por haber permitido a los sencillos y humildes, los pequeños, conocer los secretos del Reino. Pero, de manera especial, es Jesús quien conoce al Padre de manera perfecta, como también el Padre a él: “Todo me ha sido entregado por mi Padre”. Todo conocimiento. Jesús ha recibido todo el conocimiento del Padre, y puede dar el poder conocer al Padre a todos los que están decididos a abrazar la humildad. La humildad, la sencillez, etc., es la clave para conocer a Dios como lo conoce el Hijo, y para conocer al Hijo, porque así es como se obtiene la vida eterna: “ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo” (Jn 17,3).

En la Biblia, conocer vas más allá al solo tener información o ideas de alguien, en este caso sobre Dios. Conocer implica relación, intimidad, experiencia, comunicación profunda, confianza. En la vida ordinaria, los hijos conocen a los padres porque viven juntos, se comunican, etc. Los hijos pueden fiarse de los padres, cuando los padres cumplen bien su rol de padres. Los amigos verdaderos se conocen en lo íntimo, confían mutuamente, se aman por encima de los errores, etc. En la vida espiritual, conocer a Dios implica estar sintonizados con él, tener experiencia de oración profunda a solas y de manera comunitaria, tener una comunicación permanente, poner nuestra confianza en él, incluso en los momentos más difíciles.

En ese sentido, Jesús conocía perfectamente al Padre, por eso se fiaba totalmente de él, que estando en la cruz dice: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. En los momentos de dolor ante lo que se le venía en la pasión, Jesús oraba intensamente. Ha quedado grabada en el corazón de los creyentes aquella oración: “Padre, si es posible aparta de mí este cáliz; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”. También encomendó a Dios la suerte de sus verdugos: “No les tengas en cuenta este delito”. Jesús tenía una relación profunda con Dios, se fiaba totalmente de él, porque lo conoció como Padre.


Que Jesús despierte en nosotros el deseo de conocerle cada vez más para amarle y servirle, y que podamos decir también como él: “todo me ha sido dado por el Padre”.

 
 
 

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