Martes 14 de julio 2026
- Fr. Rómulo Vásquez Gavidia, OP

- 10 jul
- 2 min de lectura
XV semana TO
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 20-24
En aquel tiempo, se puso Jesús a recriminar a las ciudades donde había hecho la mayor parte de sus milagros, porque no se habían convertido: «¡Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, cubiertas de sayal y ceniza. Pues os digo que el día del juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras.
Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al abismo. Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que en ti, habría durado hasta hoy.
Pues os digo que el día del juicio le será más llevadero a Sodoma que a ti».
Reflexión
“Ay de ti”
Decía Santa Teresa de Calcuta: “Todos somos capaces de hacer el bien y hacer el mal. No hemos nacido como personas malvadas. Todo el mundo tiene en sí algo bueno. Unos esconden el bien, otros no le hacen caso, pero la bondad está en todos. Dios nos ha creado para amar y para ser amados… La negligencia en el amar nos puede conducir a decir ‘sí’ a la maldad sin darnos cuenta hasta dónde nos puede llevar. Por suerte, tenemos el poder de superar todo por medio de la oración”.
El evangelio de hoy nos presenta a Jesús haciendo una denuncia profética contra tres pueblos donde él hizo muchos signos durante su ministerio. El motivo de la denuncia es que los habitantes de dichos pueblos han respondido con indiferencia ante los milagros que ha realizado Jesús en ellos, y advierte que, en el día del juicio, estos pueblos serán severamente juzgados. Estos pueblos son: Corozaín, Betsaida y Cafarnaún.
Los cristianos creemos que Dios nos ama infinitamente, que su misericordia dura para siempre, como dice el salmo: “Den gracias al Señor porque es bueno, porque eterna es su misericordia; den gracias al Señor de los señores, porque su misericordia dura por siempre” (Sal 136,1-3). Pero, los cristianos creemos también que habrá un juicio final: “Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y a muertos” (Credo). Dios es bueno, misericordioso, pero también es justo. Su salvación la ofrece a todos, pero solo se salvan los que la cogen. Dios no salva a la fuerza, respeta la libertad. Al respecto dice San Agustín: “Dios, que te creó sin ti, no te salvará sin ti”.
Que Jesús nos conceda el don de la sabiduría y la inteligencia para reconocerle presente en todos los momentos de la vida, y así no seamos señalados con su advertencia “Ay de ti”, que no has creído ni te has convertido al evangelio del amor y de la paz que ha sido predicado.




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