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Miércoles 06 de mayo 2026

  • Foto del escritor: Fr. Rómulo Vásquez Gavidia, OP
    Fr. Rómulo Vásquez Gavidia, OP
  • hace 4 días
  • 2 Min. de lectura

Quinta semana de Pascua


Evangelio 


Lectura del santo evangelio según san Juan 15, 1-8


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Ustedes ya están limpios por la palabra que les he hablado; permanezcan en mí, y yo en ustedes. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco ustedes, si no permanecen en mí.

Yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no pueden hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que desean, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que den fruto abundante; así serán discípulos míos».


Reflexión


“Yo soy la vid, ustedes los sarmientos”


Hemos terminado de reflexionar el capítulo 14 de este evangelio, un capítulo considerado como el discurso de despedida de Jesús, donde ha tratado de alentar a sus discípulos frente al miedo que sentían ante su inminente partida, su retorno al Padre. Ahora iniciamos a reflexionar el Capítulo 15 del mismo evangelio. El texto de hoy presenta a Jesús como la "Vid verdadera" y al creyente como el "sarmiento" (rama), enfatizando que la unión vital y constante con Él es indispensable para dar fruto espiritual. Esta metáfora subraya la dependencia absoluta de Dios, la necesidad de "podas" (pruebas) para crecer, y la misión de dar frutos de amor que glorifiquen al Padre Dios.


La imagen de la vid está presente en el Antiguo Testamento, donde la Vid es el pueblo de Israel, el pueblo elegido y plantado por Dios, esperando para producir buenos frutos (justicia y obediencia), aunque a menudo Israel es acusado de ser una vid degenerada por su infidelidad. La poda es la imagen de juicio: hay que podar las ramas que impiden a la vid dar fruto. Jesús es la verdadera Vid, cuyo fruto es su fidelidad a Dios y a la misión recibida de salvar a los que creen en Él. La Iglesia, para producir frutos, debe estar unida a Jesús. La Iglesia no existe separada de Jesús. 


Todos somos miembros de la viña de Jesús, y a todos nos llama Jesús a trabajar en su viña para que ésta produzca frutos. Todos necesitamos ser podados, purificados en nuestra vida espiritual, para dar frutos de justicia y obediencia a Dios.


 
 
 

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