Miércoles 03 de junio 2026
- Fr. Rómulo Vásquez Gavidia, OP

- 1 jun
- 2 min de lectura
IX semana TO
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Marcos 12, 18 - 27
En aquel tiempo, se acercan a Jesús unos saduceos, los cuales dicen que no hay resurrección, y le preguntaron: «Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero no hijos, que se case con la viuda y dé descendencia a su hermano”.
Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos; el segundo se casó con la viuda y murió también sin hijos; lo mismo el tercero; y ninguno de los siete dejó hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección y resuciten, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete han estado casados con ella».
Jesús les respondió: «¿No están equivocados, por no entender la Escritura ni el poder de Dios? Pues cuando resuciten, ni los hombres se casarán ni las mujeres serán dadas en matrimonio, serán como ángeles del cielo. Y a propósito de que los muertos resucitan, ¿no han leído en el libro de Moisés, en el episodio de la zarza, lo que le dijo Dios: “Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob”? No es Dios de muertos, sino de vivos. Están muy equivocados».
Reflexión
“A propósito de que los muertos resucitan”.
El evangelio de hoy nos presenta el debate entre los saduceos y Jesús. Los saduceos no creían en la existencia del más allá, es decir, no creían en la resurrección. Con la intención de hacerlo quedar a Jesús en ridículo, le ponen un caso familiar, levirato, donde 7 hermanos se habían casado, uno tras otro que se iban muriendo sin dejar hijos, con una mujer. Los saduceos plantean el caso: si hubiera resurrección y esos hermanos y esa mujer resuciten, de cuál de ellos es mujer. Jesús les ha corregido de sus errores, de su mala interpretación de la Escritura, y al final les dice que Dios es Dios de vivos, no de muertos.
Esto no quiere decir que los muertos son olvidados o ya no cuentan para Dios. Los que han creído en el Dios vivo no mueren para siempre. La muerte no es el final del hombre. Jesús, en su encuentro con María y Martha, les dice: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque haya muerto vivirá” (Jn 11,25-27). San Pablo, en la primera lectura, nos dice: “Dios nos salvó y nos llamó con una vocación santa, no por nuestras obras, sino según su designio y según la gracia que nos dio en Cristo Jesús desde antes de los siglos, la cual se ha manifestado ahora por la aparición de nuestro Salvador, Cristo Jesús, que destruyó la muerte e hizo brillar la vida y la inmortalidad por medio del Evangelio” (Cf. 2 Tm 1, 1-12”).
Que Jesús nos fortalezca en nuestra fe y nuestra esperanza en la resurrección, porque los que morimos con Cristo, con él también resucitaremos.




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