Lunes 18 de mayo 2026
- Fr. Rómulo Vásquez Gavidia, OP

- 15 may
- 2 min de lectura
Sétima semana de Pascua
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Juan 16, 29-33
En aquel tiempo, los discípulos dijeron a Jesús: «Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que has salido de Dios».
Les contestó Jesús: «¿Ahora creen? Pues miren: está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que se dispersarán cada cual por su lado y a mí me dejen solo. Pero no estoy solo, porque está conmigo el Padre. Les he hablado de esto, para que encuentren la paz en mí. En el mundo tendrán luchas; pero tengan valor: yo he vencido al mundo».
Reflexión
“¿Creemos que has salido de Dios?”
Hemos celebrado ayer la fiesta de la Ascensión de Jesús al cielo, para sentarse a la derecha del Padre, cuya fiesta nos hace recordar el término de la misión presencial de Jesús en la tierra, y el inicio de la misma misión de la Iglesia haciendo discípulos de todos los pueblos y enseñándoles lo que Él ha mandado. El evangelio de hoy nos presenta a los discípulos en aquel momento de la última cena, expresando su entusiasmo y alegría de haber llegado a reconocer que Jesús lo sabe todo y, por todo ello, que viene de Dios. Sin embargo, Jesús les pide no emocionarse mucho, porque, aunque ya creen que Él ha venido de Dios, su fe aún es frágil, sus debilidades les llevará a abandonar al Maestro. Esto no significa que Jesús niegue la fe de sus discípulos, sino que les instruye a no sentirse ya vencedores por adelantado, porque primero deben experimentar lo que viene: la noche de la traición de Judas, la negación de Pedro, el cansancio y el sueño que les vencerá.
Los discípulos han empezado a creer, pero será en la experiencia de la Pasión y Resurrección de Jesús donde esa fe se purificará y fortalecerá. Cuando todo eso suceda, los discípulos encontrarán la paz en el Resucitado, quien les dirá a todos: paz a ustedes. El Espíritu del Resucitado actuará en la misión de la Iglesia.
Unidos con la Iglesia, oramos diciendo: Derrama, Señor, sobre nosotros la fuerza del Espíritu Santo, para que no reine en nosotros el miedo ante las dificultades de nuestros tiempos; que ninguna dificultad lleven a abandonar a Jesús, sino que más bien podamos cumplir fielmente tu voluntad y demos testimonio de la fe con nuestras obras de caridad y promoción de la paz. Amén.




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