Jueves 07 de mayo 2026
- Fr. Rómulo Vásquez Gavidia, OP

- hace 4 días
- 2 Min. de lectura
Quinta semana de Pascua
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Juan 15, 9-11
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Como el Padre me ha amado, así les he amado yo; permanezcan en mi amor. Si guardan mis mandamientos, permanecerán en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he hablado de esto para que mi alegría esté en ustedes, y su alegría llegue a plenitud».
Reflexión
“Como el Padre me ha amado, así los he amado yo”.
Seguimos meditando el discurso de Jesús sobre la comunión con Él, que empezaba con la imagen de la Vid y los sarmientos, para darnos a entender que solo unidos a él podemos dar frutos buenos. Esta comunión con él implica permanencia en el amor que hemos recibido desde Dios, porque Jesús nos ha amado con el mismo amor con que Él ha sido amado por el Padre. El resultado de esa comunión permanente es la alegría plena y profunda.
Quien valora este amor divino se capacita para vivir con alegría cada día, aunque tengamos que pasar por problemas serios. El amor de Dios nos capacita para amar, incluso hasta el extremo. San Pablo llegó a decir: “¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo? Nadie ni nada.” En ese amor que nos hace fuertes estamos invitados por Jesús a permanecer, no en los amores pasajeros, en el de los que aman con condiciones favorables a ellos.
En el mundo las relaciones suelen ser de sentido “utilitarista”. Hay personas que aman porque sienten necesidad de tener oportunidad de recibir algo a cambio; se ama porque es útil para uno mismo, pero se deja de amar cuando no se consigue lo que se buscaba. Sin embargo, el que ama como Jesús no busca beneficios personales ni pone condiciones a una interrelación; simplemente ama porque está alimentado del amor de Dios, porque su corazón está lleno del amor. En el corazón de quien ama de verdad no hay espacio para el egoísmo y el narcisismo, no hay espacio para la indiferencia, el resentimiento, las ansias de venganza, etc.
Permanezcamos en el amor de Dios que nos ha llegado por medio de Jesús, porque desde ese amor está la clave para edificar la propia vida y las relaciones humanas.



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