Domingo 03 de mayo 2026
- Fr. Rómulo Vásquez Gavidia, OP

- hace 5 días
- 3 Min. de lectura
Actualizado: hace 4 días
Quinta semana de Pascua
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 1-12
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No se turbe su corazón, crean en Dios y crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, se lo habría dicho, porque me voy a prepararles un lugar. Cuando vaya y les prepare un lugar, volveré y les llevaré conmigo, para que donde estoy yo estén también ustedes. Y adonde yo voy, ya saben el camino».
Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿Cómo podemos saber el camino?».
Jesús le responde: «Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocieran a mí, conocerían también a mi Padre. Ahora ya lo conocen y lo han visto».
Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta».
Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con ustedes, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo les digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, crean en las obras que hago.
En verdad, en verdad les digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre».
Reflexión
“No se turbe su corazón, crean en Dios y crean también en mí”.
En este quinto domingo de pascua, el evangelio nos relata el discurso de despedida de Jesús, después de la última cena, un mensaje de consuelo y esperanza. Jesús, auténtico maestro, exhorta a los discípulos a no tener miedo ante su partida.
Jesús, como el nuevo Israel, se pone en camino a la casa del Padre, para preparar un lugar y volver a llevarnos, como Moisés al pueblo de Israel, a la Casa del Padre para vivir para siempre. Solo Él puede llevarnos a esa casa, porque Él es el Camino, la Verdad y la Vida: “Nadie va al Padre sino por mí”.
También nosotros necesitamos palabras de consuelo, de aliento, de ánimo, porque somos débiles ante la soledad. En Jesús “vemos”, conocemos el amor del Padre y eso nos “redime”, nos hace tener “vida eterna”.
Recordemos las palabras del papa Benedicto XVI:
“No es la ciencia la que redime al hombre. El hombre es redimido por el amor. Eso es válido incluso en el ámbito puramente intramundano. Cuando uno experimenta un gran amor en su vida, se trata de un momento de «redención» que da un nuevo sentido a su existencia. Pero muy pronto se da cuenta también de que el amor que se le ha dado, por sí solo, no soluciona el problema de su vida. Es un amor frágil. Puede ser destruido por la muerte. El ser humano necesita un amor incondicionado. Necesita esa certeza que le hace decir: «Ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro» (Rm 8,38-39). Si existe este amor absoluto con su certeza absoluta, entonces el hombre es «redimido», suceda lo que suceda en su caso particular. Esto es lo que se ha de entender cuando decimos que Jesucristo nos ha «redimido»”.
Que no se turbe nuestro corazón, que no se apague nuestra fe en Dios y en Jesús, porque su amor nos ha redimido.



Comentarios