Viernes, 24 de julio 2026
- Fr. Rómulo Vásquez Gavidia, OP

- hace 4 días
- 2 min de lectura
XVI semana TO
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo 13,18-23
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Ustedes, pues, oigan lo que significa la parábola del sembrador: si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino. Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha la palabra y la acepta enseguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumbe. Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno»
Reflexión
“Lo sembrado en tierra buena es el que escucha la Palabra y la entiende”.
Retomamos la meditación de la parábola del sembrador. En el evangelio de hoy Jesús explica la parábola señalando que hay cuatro actitudes ante la Palabra de Dios: la superficialidad, la inconstancia ante las dificultades, el ahogo por las preocupaciones materiales, y el entendimiento o profundización de la Palabra. Solamente los que escuchan la Palabra y la entienden o profundizan y aplican a su vida son los que pueden sacar provecho de ella.
Los que escuchan la Palabra sin comprender ni interiorizar el mensaje son vulnerables ante cualquier doctrina contraria o diferente; pasa esto con las personas que son cristianos solo de nombre, porque supuestamente han sido bautizadas, pero no saben ni siquiera qué es el Bautismo, quién es Jesús, etc. Los que reciben la Palabra sin ganas de profundizar, sin ganas de encontrar su luz y fortaleza en ella, por cualquier cosa abandonan la fe; esto pasa con aquellos que con frecuencia confunden la vida cristiana con la vida cómoda, fácil, libre de dificultades, y suelen abandonar por cualquier dificultad o miedo. Los que escuchan la Palabra, pero dejan que su mensaje no comprometa, debido a las seducciones de las riquezas, el poder, el placer, etc., que suelen ser tan fuertes, que ahogan la Palabra.
Solo los que escuchan, entienden y aplican el mensaje de la Palabra de Dios llegan a dar frutos. Por eso, el verdadero cristiano debe escuchar, profundizar y aplicar a su vida el mensaje de la palabra para dar verdaderos frutos de conversión y comunión fraterna.




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