Viernes 23 de octubre 2026

XXVIX semana TO
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas 12, 54-59
En aquel tiempo, decía Jesús a la gente:
«Cuando vean subir una nube por el poniente, dicen enseguida: “Va a caer un aguacero”, y así sucede. Cuando sopla el sur dicen: “Va a hacer bochorno”, y sucede.
Hipócritas: saben interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, pues ¿cómo no saben interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no saben juzgar ustedes mismos lo que es justo?
Por ello, mientras vas con tu adversario al magistrado, haz lo posible en el camino para llegar a un acuerdo con él, no sea que te lleve a la fuerza ante el juez y el juez te entregue al guardia y el guardia te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no pagues la última monedilla».
Reflexión
“¿Cómo no saben juzgar ustedes mismos lo que es justo?”.
El evangelio de hoy nos presenta a Jesús instruyendo a la gente. Les pide saber leer los signos de los tiempos, a juzgar lo que es justo en las relaciones humanas. En la vida solemos interpretar señales del tiempo, nos dice Jesús. Por ejemplo, se levanta una nube en el occidente y decimos que va a llover, cuando sopla del sur decimos que va a hacer bochorno. Esa misma sabiduría que nos ayuda a interpretar las señales del tiempo nos tiene que ayudar también a discernir lo que es bueno para acogerlo y aplicarlo a nuestra vida.
Jesús nos pide que hagamos uso de nuestra inteligencia para dejarnos atrapar por el amor de Dios. Él pasó la vida enseñando a la gente el amor de Dios, sin embargo muchas personas no entendían, como también hoy muchos no entienden o no se quieren entender. Jesús nos ha dejado como herencia para compartir en nuestras relaciones interpersonales el “mandamiento nuevo”, que consiste en amarnos unos a otros como él nos amó. Sin embargo, en la vida de muchas personas no existe esa vivencia del amor, de la armonía, la paz, sino que más bien andan en pleitos, juicios, hasta tal punto de llegar a extremos: encarcelamientos.
Interpretar los signos de los tiempos implica aceptar que con la venida de Jesús al mundo se ha llegado a la plenitud de los tiempos. Su venida es una plenitud real, que no hay que confundir con el fin del mundo sino con la manifestación más clara y plena del amor de Dios por los hombres. El primer acto del amor de Dios al hombre es la creación. Luego ha hecho alianza con los hombres, se ha ido revelando por medio de los profetas a lo largo de la historia y “en la plenitud de los tiempos se ha dado a conocer por medio de Jesús, al que ha nombrado heredero de todo…” (Heb 1,2).
La manifestación máxima de Dios a la humanidad se ha dado, pues, en la persona de Jesús, con su encarnación y la pascua. ¿Puede el hombre pedir algo más? Lo inteligente en el hombre es atisbar el tiempo y saber decir cada día gracias, Dios mío y Dios nuestro, por tu amor tan presente y tan cercano.
Vivamos, pues, como nos dice San Pablo en la primera lectura: “Sean siempre humildes y amables, sean comprensivos, sobrellévence mutuamente con amor, esforzándose en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz” (Ef 4, 1-6).

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