Viernes 10 de julio 2026
- Fr. Rómulo Vásquez Gavidia, OP

- 8 jul
- 2 min de lectura
XIV semana TO
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo 10, 16-23
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «Miren que yo los envío como ovejas entre lobos; por eso, sean sagaces como serpientes y sencillos como palomas.
Pero ¡cuidado con la gente!, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes por mi causa, para dar testimonio ante ellos y ante los gentiles.
Cuando os entreguen, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en aquel momento se os sugerirá lo que tenéis que decir, porque no seréis vosotros los que habléis, sino que el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros.
El hermano entregará al hermano a la muerte, el padre al hijo; se rebelarán los hijos contra sus padres y los matarán. Y serán odiados por todos a causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el final, se salvará. Cuando les persigan en una ciudad, huyan a otra. En verdad les digo que no terminarán con las ciudades de Israel antes de que vuelva el Hijo del hombre».
Reflexión
“El que persevere hasta el final, se salvará”
El evangelio de hoy nos presenta el llamado a la valentía y el discernimiento que hace Jesús a sus discípulos, porque en su misión tendrán que afrontar incomprensión y rechazo. Los discípulos son enviados como ovejas en medio de lobos, es decir, sus servidores son mansos, no tendrán las armas de la fuerza para defenderse ante sus agresores, como lo son las ovejas ante sus depredadores. Sin embargo, los discípulos tienen de su parte la inteligencia iluminada por el Espíritu Santo, que lleva a actuar con prudencia y sencillez, es decir, discernir el peligro y actuar con sabiduría sin perder la bondad, la transparencia y la pureza de intenciones. Junto a eso, el discípulo siempre confía en Dios, quien, mediante el Espíritu, hablará por él en los momentos que se requiera.
No es fácil asumir la misión que Jesús encomienda a los discípulos. Son muchos los casos donde los cristianos, ante las dificultades, abandonan sus compromisos e incluso la fe. En la vida de los discípulos habrá todo tipo de dificultades incluso en el mismo ámbito de los cercanos. Sin embargo, Jesús asegura que "el que persevere hasta el final se salvará". El discípulo debe mantener la fe intacta, sin importar la marea de la oposición.
En un mundo de poca capacidad de aguante ante los problemas, estamos llamados a perseverar en la fe. De nada servirá haber sido creyentes en un tiempo si al final renunciamos a ella por temor o por acomodarnos a las circunstancias modernistas. Cuando nos sintamos tentados a abandonar la fe por temor, digamos como Santa Teresa de Ávila:
Nada te turbe, nada te espante,
todo se pasa, Dios no se muda.
La paciencia todo lo alcanza;
quien a Dios tiene, nada le falta.
Sólo Dios basta.




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