Viernes 03 de julio 2026
- Fr. Rómulo Vásquez Gavidia, OP

- 30 jun
- 2 min de lectura
XIII semana TO
Santo Tomás, apóstol (F)
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 24-29
Al bajar Jesús del monte, lo siguió mucha gente.
En esto, se le acercó un leproso, se arrodilló y le dijo: «Señor, si quieres, puedes limpiarme». Extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero, queda limpio». Y en seguida quedó limpio de la lepra.
Jesús le dijo: «No se lo digas a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega la ofrenda que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio».
Reflexión
“Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!»”
Hacemos un paréntesis en el recorrido de Jesús para celebrar hoy con toda la Iglesia la fiesta del apóstol Tomás, uno de los doce, quien en la aparición de Jesús después de la resurrección, no creyó el testimonio de sus compañeros, pidiendo ver para creer, y luego, cuando personalmente vio a Jesús y tocó sus heridas, termina haciendo una hermosa, sencilla pero profunda profesión de fe: «¡Señor mío y Dios mío!»
Esta profesión de fe es fundamental para los creyentes. En ella se reconoce a Jesús como Señor y Dios, en la línea del reconocimiento de Isabel, cuando es visitada por María: “De Cuándo acá que me visite a mí la Madre de mi Señor” (Lc 1, 41-43), y de las palabra del mismo Jesús, cuando pide a los escribas que aclaren el salmo que dice “Dijo el Señor a mi Señor, siéntate a mi derecha y haré de tus enemigos estrado de tus pies” (Mt 22,41-45), para subrayar que el mismo David reconoce como Señor al Mesías prometido. En esta fe apostólica se cimenta la Iglesia, siendo Cristo la piedra angular, y nosotros estamos unidos en dicho edificio, nos dice San Pablo en la primera lectura de hoy (Efesios 2, 19-22).
En otros pasajes del evangelio de Juan, Tomás aparece por primera vez en el último tramo de la vida de Jesús, cuando el Maestro decide subir a Betania para despertar a Lázaro (Jn 11,16). Los seguidores de Jesús manifiestan su desacuerdo sobre dicha decisión, por el peligro que significaba de parte de los judíos, simebargo, Tomás dice: “Vamos también nosotros a morir con él”. En el discurso de despedida, Jesús afirma que los discípulos ya saben el camino a donde él iba (Casa del Padre), Tomás interviene: “Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podremos saber el camino? (Jn 14,5-6). Tanto Tomás como los demás discípulos no entendieron plenamente quién era Jesús para ellos, como sí lo harán a partir de la resurrección.
También nosotros nos sentimos necesitados de saber el camino que nos lleva al Padre. Cada día pensamos si sabemos y estamos en el camino correcto, que es el mismo Jesús, a quien Tomás lo reconoce como Señor y Dios. No hay otro camino mejor, como lo dirá también Pedro: “¿A dónde vamos a ir? Solo tú tienes palabras de vida”. Que el testimonio del Apóstol Tomás nos ayude a afianzar nuestra fe en Jesús, Señor y Dios, como rezamos en la Eucaristía, en el momento de la consagración del pan y vino, que se convierten en el cuerpo y la sangre de Cristo: “Señor mío y Dios mío”.




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