Sábado 25 de julio 2026
- Fr. Rómulo Vásquez Gavidia, OP

- hace 15 horas
- 2 min de lectura
XVI semana TO
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo 20, 20-28
En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró para hacerle una petición.
Él le preguntó: ¿Qué deseas?».
Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda». Pero Jesús replicó: «No saben lo que piden. ¿Pueden beber el cáliz que yo he de beber?».
Contestaron: «Podemos».
Él les dijo: «Mi cáliz lo beberán; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre».
Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra los dos hermanos. Y llamándolos, Jesús les dijo: «Saben que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre ustedes: el que quiera ser grande entre ustedes, que sea su servidor, y el que quiera ser primero entre ustedes, que sea su esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos».
Reflexión
“Mi cáliz lo beberán, pero sentarse a mi derecha e izquierda es para quienes lo tiene reservado mi Padre”.
Hoy celebramos la fiesta del apóstol Santiago, el hermano de san Juan, ambos, hijos de Zebedeo. El evangelio de hoy los presenta juntos a la mamá, quien se acerca a donde Jesús para solicitar el privilegio de sentarlos uno a la derecha y el otro a la izquierda. Esta petición no es aceptada por Jesús, y les explica que su papel no es dar puestos o privilegios especiales a nadie. Podrán beber del cáliz que Jesús iba a beber, pero no está en su potestad darles puestos de honor, sobre todo los que ya están reservados por Dios.
El libro de Hechos de los apóstoles, que hemos proclamado en la primera lectura, relata la muerte del apóstol por mandato del rey Herodes, quien había hecho arrestar junto a otros miembros de la Iglesia primitiva y entre ellos a Pedro, a quien lo metió en la cárcel (Hch 12,1-3). Éste es el cáliz que tocó beber a los apóstoles: el cáliz de la sangre al entregar su vida por causa del testimonio sobre la persona de Jesús.
Según la tradición, Santiago llevó la Buena noticia a España y luego habría retornado a Jerusalén. La vida de este apóstol es un ejemplo de conversión espiritual, un modelo de una persona que renuncia a sus intereses personales para servir y dar la vida como el Maestro. Ser discípulo implica dar la vida como el Maestro, es decir, beber del Cáliz que bebió Jesús, asumir el proyecto de vida y misión.




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