Sábado 17 de octubre 2026

XXVIII semana TO
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas 12, 8-12
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Todo aquel que se declare por mí ante los hombres, también el Hijo del hombre se declarará por él ante los ángeles de Dios, pero si uno me niega ante los hombres, será negado ante los ángeles de Dios.
Todo el que diga una palabra contra el Hijo del hombre podrá ser perdonado, pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo no se le perdonará.
Cuando los conduzcan a la sinagoga, ante los magistrados y las autoridades, no se preocupen de cómo o con qué razones se defenderán o de lo que van a decir, porque el Espíritu Santo les enseñará en aquel momento lo que tienen que decir».
Reflexión
“Todo aquel que se declare por mí ante los hombres…”.
La fe en Jesús no se limita a pedir favores en la oración; implica también en reconocerle en todo momento abiertamente delante de los hombres: “Todo aquel que se declare por mí ante los hombres, también el Hijo del hombre se declarará por él ante los ángeles de Dios”. Está en juego nuestra salvación. En la medida en que nos presentemos como testigos suyos en todo momento tendremos a Jesús como testigo nuestro delante del Padre Dios; al no reconocerle quedamos en el peligro de ser desconocidos ante Dios. No basta con creer en Jesús; es necesaria nuestra obediencia y fidelidad a él en todo momento.
Vivimos en un mundo donde se permite el rechazo y las ofensas contra la Iglesia de Jesús con sus ministros. Hay muchas invasiones de personas e influencias que tienen por finalidad suplantar la fe cristiana por otros credos que se mezclan con intereses políticos. Hoy en día se amenaza a quienes opinan desde una visión cristiana sobre la realidad en que se vive y se aplaude la supuesta “unidad” con otros credos que usan la violencia como método para imponerse en los lugares que van invadiendo.
Es necesario que los discípulos de Jesús no se avergüencen de su fe. Los discípulos son testigos del evangelio, amigos y colaboradores de la verdad. No debemos “licuar el evangelio”, no debemos mezclar la fe con teorías ajenas a la verdad con el propósito de hacer agradable y atractivo el cristianismo a todo el mundo. Tenemos que predicar el evangelio conforme ha sido predicado por la Iglesia desde sus orígenes. Nuestra fe debe ser testimoniada con claridad y firmeza, con respeto a los demás, pero nunca cediendo por miedo a que nos consideren “conservadores”. La fidelidad y la perseverancia son indispensables en la vida y misión de los discípulos.

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