Sábado 03 de octubre 2026

XXVI semana TO
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas 10,17,24
En aquel tiempo, los setenta y dos volvieron con alegría diciendo: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre».
Jesús les dijo: «Estaba viendo a Satanás caer del cielo como un rayo. Miren: les he dado el poder de pisotear serpientes y escorpiones y todo poder del enemigo, y nada les hará daño alguno. Sin embargo, no estén alegres porque se les someten los espíritus; estén alegres porque sus nombres están inscritos en el cielo».
En aquella hora, se llenó de alegría en el Espíritu Santo y dijo:«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños.Sí, Padre, porque así te ha parecido bien.Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar».
Y, volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: «Bienaventurados los ojos que ven lo que ustedes ven! Porque les digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven, y no lo vieron; y oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron».
Reflexión
“Bienaventurados los ojos que ven lo que ustedes ven”.
El evangelio de hoy nos presenta a Jesús instruyendo a los discípulos para que no se alegren solo por el triunfo de la misión que han tenido, sino más bien porque sus nombres estén en la lista de santos en el cielo. En los versículos anteriores se nos hablaba del envío que hacía Jesús de 72 discípulos a los pueblos donde tenía planificado ir. El texto de hoy empieza narrando la alegría de los discípulos y las cosas que han podido hacer en nombre de Jesús. Jesús les cuenta también haber visto a Satanás caer desde el cielo y que todo eso ha sido por el poder y la autoridad que él les había otorgado.
La caída de Satanás coincide con la llegada del Reino. Las fuerzas demoníacas han quedado debilitadas: los demonios se someten al poder del nombre de Jesús. Pero esto no es todo, los discípulos deben conocer la alegría que tiene sus raíces más profundas en el hecho de ser conocidos y amados por Dios. La protección de Dios y la relación con él nos sitúan siempre en ventaja ante las fuerzas del mal.
El poder de Jesús es un poder que nos hace experimentar el éxito ante el poder diabólico y nos protege. Los cristianos están llamados a impedir este poder de Satanás sobre la tierra. Ellos están seguros de su victoria en la comunión del amor con Cristo aunque son probados en el sufrimiento y el de la muerte. Pero, el motivo de la alegría no está en la seguridad de salir indemnes, sino en el hecho de ser amados por Dios.

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