Sábado 01 de agosto de 2026
- Fr. Rómulo Vásquez Gavidia, OP

- 1 ago
- 3 min de lectura
XVII semana TO
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo 14, 1-12
En aquel tiempo, oyó el tetrarca Herodes lo que se contaba de Jesús y dijo a sus cortesanos: «Ese es Juan el Bautista, que ha resucitado de entre los muertos, y por eso las fuerzas milagrosas actúan en él».
Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado, por motivo de Herodías, mujer de su hermano Filipo; porque Juan le decía que no le era lícito vivir con ella. Quería mandarlo matar, pero tuvo miedo de la gente, que lo tenía por profeta.
El día del cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó delante de todos y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que pidiera. Ella, instigada por su madre, le dijo: «Dame ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista». El rey lo sintió, pero, por el juramento y los invitados, ordenó que se la dieran, y mandó decapitar a Juan en la cárcel. Trajeron la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven y ella se la llevó a su madre. Sus discípulos recogieron el cadáver, lo enterraron, y fueron a contárselo a Jesús.
Reflexión
Herodes mandó a decapitar a Juan Bautista en la cárcel
El evangelio de hoy nos presenta al rey Herodes lleno de curiosidad por saber quién era Jesús de quien había oído hablar. Por los comentarios que había oído le parecía que era Juan el Bautista, a quien lo había hecho decapitar en cumplimiento al juramento hecho a su sobrina y antenada. Antes, Herodes había matado a su hermano Filipo para quedarse con su esposa. La causa de haber arrestado a Juan y luego matado, se debía a que el profeta había denunciado los delitos de asesinato y adulterio de dicho dictador y abusivo.
La vida y la voz de un profeta siempre resultan incómodas, y en especial a los jefes del mundo, a los dictadores, como era el caso de Herodes, quien haciendo mal uso del poder, acaba con la vida de un profeta, a pesar que solía escucharle con admiración. Como en el tiempo de Juan el Bautista donde se perseguía a los profetas, también hoy se persigue a la Iglesia de Jesús, se trata de silenciar obispos y sacerdotes con vocación de profetas, que alzan su voz frente a las malas acciones de los jefes de los países donde se ha implantado la dictadura, el abuso de poder. Nicaragua, entre otros países, es un ejemplo donde un señor anciano persigue a la Iglesia, secuestra obispos, expropia propiedades, sacrifica la democracia, etc. Curiosamente hay líderes políticos, que se presentan como defensores de la justicia, que hasta el momento nunca han condenado las dictaduras de los países comunistas.
La suerte del profeta san Juan Bautista es la suerte de los profetas del pasado, como nos narra la primera lectura: “los sacerdotes y los profetas (del gobierno) dijeron a los magistrados y a la gente: Este hombre es reo de muerte, pues ha profetizado contra esta ciudad, como lo han podido oír ustedes mismos” (Jer. 26, 11- 24). El profeta Jeremías es declarado reo de muerte, porque exigió cambio de rumbo del pueblo; Herodes y su esposa arrestan y matan a Juan el Bautista porque el profeta había dicho al rey que “no era lícito vivir con la mujer de su hermano a quien lo había asesinado”.
¿Seremos capaces de cumplir con nuestra misión profética en el mundo aunque nos cueste la vida como costó a Jeremías y a Juan Bautista? Solo el que da la vida por Jesús y el evangelio tiene la seguridad de recuperarla.




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