San Juan Macías, O.P.: El Padre de los Pobres

Primeros años y orfandad en Extremadura
Juan de Arcas Sánchez nació en la villa de Ribera del Fresno (Badajoz, España) el 2 de marzo de 1585, en el seno del hogar formado por Pedro de Arcas y Juana Sánchez. A la temprana edad de seis años quedó huérfano de padre y madre junto a su pequeña hermana Inés, de solo dos años. Ambos quedaron bajo la tutela de un tío paterno, quien desde muy joven lo envió a trabajar en el pastoreo de ovejas. En aquella comarca extremeña era costumbre denominar «los Macías» a las tierras de pastoreo y a los propios pastores, razón por la cual el niño comenzó a ser conocido popularmente como Juan Macías o el «Pastorcillo».
El periplo hacia el Nuevo Mundo
Con el paso de los años, Juan ingresó a trabajar con un comerciante que realizaba viajes hacia las Indias. En 1616, su empleador lo invitó a embarcarse hacia América. Su itinerario por el continente lo llevó primero a Cartagena de Indias (en la actual Colombia) y posteriormente a recorrer los territorios de Nueva Granada, Pasto y Quito, desempeñando diversos oficios.
Finalmente, en 1620 arribó a la Ciudad de los Reyes (Lima), donde establecería su residencia definitiva. Apenas llegado, acudió a la Basílica del Santísimo Rosario para dar gracias a Dios por la travesía. Fue en este histórico templo dominico donde conoció a San Martín de Porres, con quien entabló una profunda y duradera amistad espiritual. Martín lo acogió, cuidó de él y le procuró alojamiento y empleo como pastor en la hacienda de Pedro Menacho (ubicada en la zona del Rímac, donde hoy se erige el templo y colegio de Nuestra Señora del Patrocinio). En este oficio, Juan destacaba por su extrema bondad, pues repartía entre los necesitados el escaso salario y los bienes que obtenía.
Vocación y vida en la Recoleta Dominicana
La vocación religiosa de Juan Macías había comenzado a germinar años atrás, hacia los veinte años, antes de cruzar el Atlántico. Sin embargo, en Lima, al ver el ejemplo de su amigo San Martín de Porres —quien recorría diariamente las riberas del río Rímac para llevar auxilio material y consuelo a los esclavos, indígenas y marginados—, su decisión se consolidó.
Deseando consagrarse por entero al servicio de Dios y del prójimo, repartió los pocos bienes que poseía e ingresó a la Orden de Predicadores como hermano cooperador (o hermano lego) en el Convento de Santa María Magdalena (conocido como La Recoleta Dominicana). Tomó el hábito el 23 de enero de 1622 y emitió sus votos religiosos el 25 de enero de 1623. Debido a la avanzada edad y delicada salud del hermano portero, Fray Pablo de la Caridad, se encomendó a Juan Macías la preparación para asumir dicho oficio. La portería del convento se convirtió en el centro de su misión apostólica.
Apóstol de la caridad y la justicia social
En la Lima del siglo XVII, la portería del convento era el punto de encuentro de los desposeídos. Fray Juan Macías transformó este espacio en un refugio de caridad donde atendía a cientos de pobres, enfermos, indígenas y esclavos, dándoles alimento, vestidos, medicinas y catequesis. Cuando un enfermo requería cuidados mayores, llamaba a San Martín de Porres, quien lo trasladaba al Convento del Santísimo Rosario (Santo Domingo) para asistirlo en su enfermería.
Para sostener esta inmensa obra social, Fray Juan recurría tanto a la limosna pública como al apoyo de las familias acomodadas de la Lima virreinal, a quienes solicitaba ayuda de manera presencial o mediante cartas. Con lenguaje fraterno pero directo, recordaba a los poderosos que las riquezas de las que gozaban provenían del trabajo de los indígenas y esclavos en las minas y haciendas. Cronistas de la época señalan que recibía constantes donaciones desde Potosí, Cusco e incluso México.
Además del socorro material, brindaba dirección espiritual y consejo a personas de todas las escalas sociales: desde los más humildes hasta las altas autoridades virreinales y miembros de la nobleza limeña, quienes acudían a la portería de La Recoleta en busca de sus sabias orientaciones.
Glorificación y culto
Falleció el 16 de septiembre de 1645, a los 60 años de edad, en el Convento de Santa María Magdalena. Al conocerse la noticia, el pueblo limeño lo aclamó unánimemente como el "Padre de los Pobres". Sus restos mortales fueron trasladados posteriormente a la Basílica del Santísimo Rosario (Santo Domingo) de Lima, donde se veneran hasta el día de hoy. El Papa Gregorio XVI lo beatificó el 22 de octubre de 1837, y fue canonizado
en Roma por el Papa Pablo VI el 28 de septiembre de 1975, elevándolo como Santo de la Iglesia Universal.

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