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Miércoles 19 de agosto 2026

Foto del escritor: Fr. Rómulo Vásquez Gavidia, OP
Fr. Rómulo Vásquez Gavidia, OP
18 ago
3 min de lectura

XX semana TO


Evangelio 


Lectura del santo evangelio según san Mateo 20, 1-16


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:

«El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo: “Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo debido”. Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: “¿Cómo es que están aquí el día entero sin trabajar?». Le respondieron: “Nadie nos ha contratado”. Él les dijo: “Vayan también ustedes a mi viña”.

Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: “Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”.

Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo: “Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”.

Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”.

Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».


Reflexión


“Salió a contratar jornaleros para su viña”.


El evangelio de hoy nos presenta a Jesús explicando el Reino de Dios con aquel hombre que, en diferentes horas del día, sale a buscar trabajadores para su viña. La parábola muestra la justicia divina basada en la gracia y la generosidad, muy distinta a la lógica humana del mérito. 


El dueño de la viña ha ofrecido pagar a los primeros trabajadores un denario por jornada; a los otros que va contratando no les menciona cuánto les pagaría. Al final de la tarde todos reciben el mismo trato, el mismo pago, causando un disgusto de los que trabajaron desde las primeras horas del día.


El denario representa la vida eterna, don que Dios reserva para todos. Además, los considerados los “últimos”, si lo aceptan, se convierten en los primeros, mientras que los primeros pueden correr el riesgo de ser los “últimos”. El dueño no tolera el desempleo: quiere que todos trabajen en su viña. El ser llamados es una primera recompensa: Poder trabajar en la viña del Señor, ponerse a su servicio, colaborar con su obra, constituye en sí un premio inestimable, que recompensa de todo cansancio. Pero lo comprende solo el que ama al Señor y a su Reino; quien, por el contrario, solo trabaja por el salario nunca se dará cuenta del valor de este tesoro inestimable. 


Cada día damos gracias a Dios por darnos la oportunidad de trabajar en su viña. En la celebración de la Eucaristía, la Iglesia, por medio de sus ministros, ora diciendo: “te damos gracias porque nos haces dignos de servir en su presencia” (plegaria II).

 
 
 

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