Miércoles 16 de setiembre 2026

XXIII semana TO
San Cornelio, Papa y Cipriano (MO)
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas 7, 31-35
En aquel tiempo, dijo el Señor:«¿A quién, pues, compararé los hombres de esta generación? ¿A quién son semejantes?
Se asemejan a unos niños, sentados en la plaza, que gritan a otros aquello de: “Hemos tocado la flauta y no han bailado, hemos entonado lamentaciones, y no han llorado”. Porque vino Juan el Bautista, que ni come pan ni bebe vino, y dicen: Tiene un demonio; vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Miren qué hombre más comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores”.
Sin embargo, todos los hijos de la sabiduría le han dado la razón».
Reflexión
“Los hijos de la Sabiduría le han dado la razón”.
El evangelio de hoy nos enseña, a través de la parábola de los niños en la plaza, la actitud de un corazón cerrado e inconforme que siempre encuentra una excusa para rechazar a Dios. Los niños de la parábola aparecen como tercos, que juegan en la plaza y no se ponen de acuerdo con nada: “les tocan la flauta no bailan, les tocan música fúnebre no lloran”. Con esos niños son comparados aquellos judíos: tercos e inconformes. Anteriormente había estado el profeta Juan Bautista, quien llevaba un estilo de vida austera, con ayunos y penitencia, y ellos lo han tildado de estar endemoniado; ahora, entre ellos, está Jesús, el Hijo amado de Dios, que lleva una vida diferente, participa en las fiestas familiares, y lo acusan de glotón, borracho y amigo de publicanos (pecadores).
El texto concluye indicando que la verdadera sabiduría de Dios se reconoce y se valida por sus frutos y por aquellos que tienen un corazón abierto y humilde para aceptarla. Dios siempre actúa bien en favor de las personas, sin embargo a veces hay resistencia del ser humano a aceptar la realidad de su gracia cuando ésta no coincide con sus propias expectativas. Los fariseos y escribas buscaban un molde rígido en su vida espiritual, pero esa rigidez les llevó a perder la salvación (Cf Mt 23,13). Jesús los llamó hipócritas porque con sus estrictas normas, su falsa religiosidad y su orgullo cerraban el acceso al conocimiento espiritual verdadero.
Preguntémonos si nosotros somos dóciles para escuchar la voz de Dios y vivir según ella, o nos estamos comportando como los escribas y fariseos, los niños tercos e inconformes de la parábola. Estamos invitados a ser como los hijos de la Sabiduría dando razón de nuestra fe en Jesús.

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