Miércoles 14 de octubre 2026

XXVIII semana TO
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas 11, 42-46
En aquel tiempo, dijo el Señor:«¡Ay de ustedes, fariseos, que pagan el diezmo de la hierbabuena, de la ruda y de toda clase de hortalizas, mientras pasan por alto el derecho y el amor de Dios! Esto es lo que había que practicar, sin descuidar aquello.
¡Ay de ustedes, fariseos, que les encantan los asientos de honor en las sinagogas y los saludos en las plazas!
¡Ay de ustedes, que son como tumbas no señaladas, que la gente pisa sin saberlo!».
Le replicó un maestro de la Ley: «Maestro, diciendo eso nos ofendes también a nosotros». Jesús replicó: «¡Ay de ustedes también, maestros de la ley, que cargan a los hombres cargas insoportables, mientras ustedes no tocan las cargas ni con uno de sus dedos!»
Reflexión
“¡Ay de ustedes!”.
El evangelio de hoy nos presenta a Jesús denunciando la hipocresía, el legalismo y el afán de protagonismo de los fariseos y los maestros de la ley. A cada tipo de actitud se le encara con el ¡Ay!. El mensaje central es un llamado a la coherencia de vida y no reducir la religión a ritos vacíos y orgullo social.
La primera denuncia es contra el diezmo de las pequeñas cosas que ha sido valorado por encima de la justicia y el amor. Jesús critica a los fariseos por ser extremadamente estrictos con los detalles superficiales relacionados con el diezmo, pero ignoran lo fundamental, lo que no se debe pasar por alto: la justicia, la misericordia y el amor a Dios. Jesús no anula el sentido de colaboración material para el sostenimiento de quienes se dedican al ministerio, pero exige tener en cuenta siempre lo fundamental, lo que es verdaderamente importante; los ministros deben ser realmente justos, misericordiosos y ejemplo de amor a Dios.
El otro tema que denuncia Jesús es la búsqueda de la vanagloria. Los fariseos aman los primeros asientos de honor en las sinagogas y que les rindan reverencias o saludos públicos en las plazas. Este modo de actuar suele estar presente en muchas personas que asumen alguna responsabilidad eclesial. Es un reto ser siempre humildes en todo momento y sencillos.
Jesús denuncia también la influencia espiritual que buscan tener los fariseos y los compara con los “sepulcros blanqueados", tumbas que no se ven a simple vista. En la ley judía, pisar una tumba causaba impureza ritual; al ser sepulcros “invisibles”, contaminaban a la gente sin que ésta se diera cuenta. Con esto, Jesús les estaba diciendo que su influencia espiritual era corrupta y dañina aunque ellos parecieran respetables por fuera.
Un maestro de ley, que se sentía ofendido, reclama a Jesús por el insulto. Jesús no retira sus palabras y confirma: “¡Ay de ustedes!”. Les recrimina por imponer cargas insoportables de reglas religiosas a la gente común, mientras que ellos mismos no son capaces de mover ni un dedo para ayudar o cumplirlas con verdadero amor. San Pablo, en esta línea, nos exhorta a vivir según el Espíritu de Jesús, cuyos frutos son: “amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, lealtad, modestia, dominio de sí”. (Gal 5, 18-25).

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