Miércoles 09 de setiembre 2026

XXII semana TO
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas 6, 20-26
En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, les decía:
«Bienaventurados los pobres, porque suyo es el reino de Dios.
Bienaventurados los que ahora tienen hambre, porque quedarán saciados.
Bienaventurados los que ahora lloran, porque reirán.
Bienaventurados ustedes cuando los odien los hombres, y los excluyan, y los insulten y proscriban su nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alégrense ese día y salten de gozo, porque su recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían sus padres con los profetas.
Pero ¡ay de ustedes, los ricos, porque ya han recibido su consuelo!
¡Ay de ustedes, los que están saciados, porque tendrán hambre!
¡Ay de los que ahora ríen, porque harán duelo y llorarán!
¡Ay si todo el mundo habla bien de ustedes! Eso es lo que sus padres hacían con los falsos profetas».
Reflexión
“Levantando los ojos hacia sus discípulos, les decía: Bienaventurados los pobres…”
El evangelio de hoy nos presenta a Jesús instruyendo a los discípulos y a la multitud con cuatro bienaventuranzas y cuatro maldiciones. Este discurso es considerado como el “sermón de la planicie” por el hecho de que el evangelio dice que Jesús bajó de la montaña y se paró en un lugar de llanura donde hace este discurso, a diferencia que Mateo describe este discurso en el monte (Mt 5,1) y es el llamado “Sermón de la Montaña”. En Mateo, el sermón contiene 8 bienaventuranzas, que es un programa de vida para las comunidades de origen judaica. En Lucas, el sermón es más breve y más radical. Contiene cuatro bienaventuranzas y cuatro maldiciones, dirigidas para las comunidades, constituidas de ricos y de pobres.
En este comentario nos centramos en la primera bienaventuranza: “¡Bienaventurados los pobres, porque de ellos es el Reino de los cielos!” Esta declaración identifica la categoría social de los discípulos. ¡Ellos son pobres! Y a ellos Jesús promete: “¡de ustedes es el Reino de los Cielos!” No es una promesa para el futuro. El verbo está en presente. El Reino les pertenece ya. En el evangelio de Mateo, Jesús explicita el sentido y dice: «¡Bienaventurados los pobres de Espíritu!» (Mt 5,3). Son los pobres que tienen al Espíritu de Jesús. Pues hay pobres con cabeza o espíritu de rico. Los discípulos de Jesús son pobres con cabeza de pobre. Como Jesús no quieren acumular, pero asumen su pobreza y, como él, luchan por una convivencia más justa, donde haya fraternidad y puesta en común de los bienes, sin discriminación.
En sentido opuesto, Jesús dice: “¡ay de ustedes, los ricos, porque ya han recibido su consuelo!”. Después de las cuatro bienaventuranzas a favor de los pobres y excluidos, siguen cuatro amenazas o maldiciones contra los ricos y los que se lo pasan bien y son elogiados por todos. En las comunidades del tiempo de Lucas, autor del evangelio, había ricos y pobres, y había discriminación de los pobres por parte de los ricos, la misma que marcaba la estructura del Imperio Romano (Cf St 5,1-6; Ap 3,17-19). Jesús hace una crítica dura y directa a los ricos: “Ustedes, los ricos, ya tienen consolación! ¡Ustedes ya están hartos, pero pasarán hambre! ¡Ustedes se están riendo, pero quedarán afligidos y llorarán! Señal de que para Jesús, la pobreza no es una fatalidad, ni es fruto de prejuicios, sino que es fruto de enriquecimiento injusto de los otros.
Bienaventurados los pobres que esperan el Señor.

Comentarios