Miércoles 08 de julio 2026
- Fr. Rómulo Vásquez Gavidia, OP

- 6 jul
- 2 min de lectura
XIV semana TO
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo 10, 1-7
En aquel tiempo, Jesús llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y toda dolencia.
Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, el de Zebedeo, y Juan, su hermano; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo, y Tadeo; Simón el de Caná, y Judas Iscariote, el que lo entregó.
A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: «No vayan a tierra de paganos ni entren en las ciudades de Samaría, sino vayan a las ovejas descarriadas de Israel. Vayan y proclamen que ha llegado el reino de los cielos».
Reflexión
“Autoridad para expulsar, curar y proclamar”
El evangelio de hoy nos presenta a Jesús llamando a sus doce apóstoles para otorgarles autoridad para sanar y expulsar el mal, y enviarlos a proclamar el Reino de los cielos cercano. Tres ejes importantes podemos destacar: el llamado y ordenación, prioridad de los más necesitados y la urgencia del mensaje.
Jesús llama a sus discípulos por su propio nombre, conociendo sus defectos y virtudes, y les da autoridad, el poder espiritual, para ejercer el ministerio. Ningún discípulo se puede autoproclamar apóstol, enviado, etc. Es Jesús quien llama, elige y envía, dando los elementos necesarios para el ejercicio ministerial. En la Iglesia, los ministerios tienen la autoridad, el poder espiritual otorgado por la imposición de manos y la unción como sacerdotes para sanar heridas provocadas por el pecado, expulsar los espíritus malignos que perturban la paz de las personas, y dar el alimento espiritual para la vida eterna, que es la Eucaristía.
La misión apostólica tiene sus prioridades. Sin excluir a nadie, hay que ir a las personas más necesitadas de Dios, a los más vulnerables, a quienes se sienten excluidos o han perdido el rumbo. Así mismo, el anuncio del evangelio no tiene tiempo de espera: se tiene que hacer pronto, porque el reino de los cielos está cerca; hay urgencia de un cambio de vida, de rumbo, dejando atrás las tinieblas para vivir bajo el amor, la justicia y la paz de Dios.




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