Martes 28 de julio 2026
- Fr. Rómulo Vásquez Gavidia, OP

- hace 2 horas
- 2 min de lectura
XVII semana TO
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas 1,39-47
En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre, e Isabel se llenó del Espíritu Santo. Y levantando la voz, exclamó:
«¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?
Apenas llegó tu saludo a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre.
¡Dichosa tú, que has creído!, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá».
Y dijo María:
«Proclama mi alma la grandeza del Señor,
y se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador».
Reflexión
“Apenas llegó tu saludo a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre.”
Hoy en el Perú celebramos la fiesta de la Virgen María como reina de la paz y a ella encomendamos la paz de nuestro país. El evangelio nos presenta a María en camino con destino a su parienta Isabel para saludarla y servirla mientras sea necesario en el tiempo de su embarazo. La llegada de María a casa de Zacarías causa reacciones de alegría en la criatura que llevaba Isabel, generando una aclamación inspirada por el Espíritu Santo: “Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre”. Esta alegría causada por dicha visita se debe a la presencia del mismo Dios dentro de María que hace saltar a toda criatura representada por Isabel y el niño de su vientre, Juan el Bautista.
Isabel hace un reconocimiento de humildad ante la madre del Señor: “¿Quién soy yo para que me visite la Madre mi señor? Apenas oí tu saludo, la criatura saltó de alegría en mi vientre”. La paz verdadera para la humanidad, para las criaturas, es la que nos viene de Dios por medio de su Hijo Jesús, que se ha hecho pequeño en el seno de la Virgen María. La paz es que se expresa en alegría por las obras de Dios en la vida. En ese sentido, María es la reina de la paz, porque ha llevado en su vientre al príncipe de la Paz para la humanidad, del que nos habla el profeta Isaías: “Porque un niño nos ha nacido, un niño se nos ha dado: lleva a hombros el principado, y es su nombre: Maravilla de Consejero, Padre perpetuo, Príncipe de la paz” (Cf. Is 9,1-6).
Hoy, la Iglesia en el Perú se une en oración por la paz, suplicando al señor conceda a los nuevos gobernantes la sabiduría como la que concedió al Rey salomón, corazón para escuchar al pueblo con atención, inteligencia para discernir los gritos de los pobres, y se conmuevan practicando la justicia de acuerdo a la verdad, para todos. De esa manera expresaremos realmente nuestra alegría al celebrar un año más nuestra independencia como peruanos.
Viva el Perú, viva la paz que nos viene de Dios por medio de Jesús y María.




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