Martes 13 de octubre 2026

XXVIII semana TO
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas 11, 37-41
En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar, un fariseo le rogó que fuese a comer con él. Él entró y se puso a la mesa. Como el fariseo se sorprendió al ver que no se lavaba las manos antes de comer, el Señor le dijo: «Ustedes, los fariseos, limpian por fuera la copa y el plato, pero por dentro rebosan de rapiña y maldad. ¡Necios! El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro?
Con todo, den limosna de lo que hay dentro, y lo tendrán limpio todo».
Reflexión
“Den limosna de lo que hay dentro, y lo tendrán limpio todo”.
El evangelio de hoy presenta a Jesús reprochando a los fariseos por su apariencia de su supuesta bondad basado en ritos de purificación, que se limitaba a una purificación externa, más no lo interior del corazón. Les pide dar “limosna de lo que hay dentro”.
Dice San Ambrosio en su comentario de este texto: “Como buen maestro, Jesús ha enseñado cómo limpiar las manchas de nuestro cuerpo, diciendo: ‘más bien den como limosna lo que tienen dentro y todo lo demás será puro en ustedes’. ¡Ven ustedes cuanto remedio hay! La misericordia nos purifica. La palabra de Dios también nos purifica, tal como está escrito: ‘ustedes también están limpios gracias a la Palabra que les he anunciado’ (Jn 15,3). El Señor nos invita a buscar la simplicidad y condena el estar ligado a lo que es superfluo y ramplón. Los fariseos, a causa de su fragilidad, son comparados a la copa y al plato: observan escrupulosamente puntos que no tienen ninguna utilidad para nosotros, y olvidan aquello donde se encuentra el fruto de nuestra esperanza…”
Dar limosna de lo que hay dentro equivale a lo que dice Pablo: “No actúen por rivalidad ni por vanagloria, sino con humildad, amabilidad… tengan todos los mismos sentimientos de Cristo Jesús” (Flp 2,3-5). La forma como buscaban ser justos los fariseos los llevaba a ser esclavos de ritos legales. Jesús ha venido para ayudarnos a ser libres por el amor. En la primera lectura nos dice Pablo: “Para la libertad nos ha liberado Cristo. Manténganse, pues, firmes, y no dejen que vuelvan a someterles a yugos de esclavitud” (Cf. Gal 5,1-6).

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