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Lunes 28 de setiembre 2026

Foto del escritor: Fr. Rómulo Vásquez Gavidia, OP
Fr. Rómulo Vásquez Gavidia, OP
hace 18 horas
2 min de lectura

XXVI semana TO


Evangelio 


Lectura del santo evangelio según san Lucas 9, 46-50


En aquel tiempo, se suscitó entre los discípulos una discusión sobre quién sería el más importante. Entonces Jesús, conociendo los pensamientos de sus corazones, tomó de la mano a un niño, lo puso a su lado y les dijo: «El que acoge a este niño en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, acoge al que me ha enviado. Pues el más pequeño de ustedes es el más importante».

Entonces Juan tomó la palabra y dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y se lo hemos prohibido, porque no anda con nosotros». Jesús le respondió: «No se lo impidan: el que no está contra ustedes, está a favor de ustedes».


Reflexión


“El que acoge a este niño en mi nombre, me acoge a mí…”


El evangelio de hoy nos presenta a Jesús instruyendo a sus discípulos sobre la visión de ser importantes en la vida y en la misión. 


Los discípulos están viviendo tensiones por saber quién de ellos es el más importante, quién merece ser el líder del grupo, después de Jesús. Ante esto, Jesús les ayuda a cambiar esa mentalidad, diciendo que el más importante es el que se parece a un niño, quien debe ser acogido como se acoge al mismo Jesús y al mismo Dios. Solo Dios es grande, todos nosotros somos hermanos. En esa verdad, los discípulos deben aprender que el camino para ser grandes está en el servicio, en el trato que se tiene a los demás, tratándolos como a un niño que requiere de ternura, de delicadeza en el trato, de prontitud a sus necesidades, etc. Esto implica renunciar a las pretensiones de poder, a la prepotencia, al apetito de ganarse un nombre, como aquellos hombres que construyeron la torre en Babel. 


Por otro lado, el evangelio nos presenta también la inquietud de uno de los discípulos de saber si hay que impedir a los que no son apóstoles el oficio de expulsar demonios en nombre de Jesús. Jesús corrige esta tentación de sentirse dueños de Dios, de sentir celos que llevan a la rivalidad por motivos religiosos inútilmente que terminan en guerras. Jesús no puede ser encerrado ni ser considerado una propiedad exclusiva de un determinado grupo, él ha venido a fundar una Iglesia, un nuevo pueblo. En la Iglesia de Jesús hay trabajo para todos. El invocar el nombre de Jesús es ya hacer opción por él. En la medida en que su nombre sea invocado para hacer el bien no tiene sentido sentir celos, puesto que Jesús ha venido para todos los que crean en él y nos ha asegurado que “El que cree en mí, hará también las obras que yo hago, y aún mayores…” (Jn 14, 12).


Si queremos ser importantes y desempeñar bien nuestra misión, acojámonos unos a otros con el máximo amor y compartamos nuestra misión con quienes tienen la voluntad de actuar en nombre de Jesús y como Jesús. 


 
 
 

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