Lunes 24 de agosto 2026

XXI semana TO
San Bartolomé, apóstol (F)
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 45-51
En aquel tiempo, Felipe encuentra a Natanael y le dice: «Aquel de quien escribieron Moisés en la ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret». Natanael le replicó: «¿De Nazaret puede salir algo bueno?». Felipe le contestó: «Ven y verás».
Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tienen a un israelita de verdad, en quien no hay engaño». Natanael le contesta: «¿De qué me conoces?». Jesús le responde: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi». Natanael respondió: -«Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel». Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores». Y le añadió: «En verdad, en verdad les digo: verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».
Reflexión
“Natanael respondió: -«Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel”.
El evangelio de hoy narra el llamado de Natanael, Bartolomé, quien supera sus prejuicios sobre Nazaret al encontrarse personalmente con Jesús, el cual lo sorprende al decirle que lo vio debajo de la higuera, llevándolo a reconocerlo como el Hijo de Dios, el Rey de Israel. Su nombre no aparece mucho en los evangelios, es decir, más allá de la lista de los doce apóstoles.
Tradicionalmente se le identifica con Natanael, nombre que significa “Dios ha dado”. Este Natanael provenía de Caná (Cf Jn 21,2) y, por consiguiente, es posible que haya sido testigo del gran “signo” realizado por Jesús en aquel lugar (Jn 2,1-11). Su vocación nace de la invitación que le hace Felipe, como lo narra el evangelio de hoy: “ese del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, el hijo de José, el de Nazaret” (Jn 1,45). Natanael le manifestó un prejuicio: “¿De Nazaret puede salir algo bueno” (Jn 1,46).
Según las expectativas judías, el Mesías no podía provenir de una aldea tan oscura como era Nazareth. Sin embargo, al encontrarse con Jesús, Bartolomé termina haciendo profesión de fe. Esto nos sugiere una reflexión especial: en nuestra relación con Jesús no debemos contentarnos sólo con palabras. Felipe, en su réplica, dirige a Natanael una invitación significativa: "Ven y lo verás" (Jn 1, 46). Nuestro conocimiento de Jesús necesita sobre todo una experiencia viva: el testimonio de los demás ciertamente es importante, puesto que por lo general toda nuestra vida cristiana comienza con el anuncio que nos llega a través de uno o más testigos. Pero después nosotros mismos debemos implicarnos personalmente en una relación íntima y profunda con Jesús.
Natanael o Bartolomé se siente tocado en el corazón por las palabras de Jesús, “Ahí tienen a un israelita de verdad, en quien no hay engaño”; se siente comprendido y llega a la conclusión: este hombre sabe todo sobre mí, sabe y conoce el camino de la vida, de este hombre puedo fiarme realmente. Y así responde con una confesión de fe límpida y hermosa, diciendo: "Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel" (Jn 1, 49). En ella se da un primer e importante paso en el itinerario de adhesión a Jesús. Las palabras de Natanael presentan un doble aspecto complementario de la identidad de Jesús: es reconocido tanto en su relación especial con Dios Padre, de quien es Hijo unigénito, como en su relación con el pueblo de Israel, del que es declarado rey, calificación propia del Mesías esperado.

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