Lunes 13 de julio 2026
- Fr. Rómulo Vásquez Gavidia, OP

- 8 jul
- 2 min de lectura
XV semana TO
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo 10, 34 – 11, 1
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
«No piensen que he venido a la tierra a sembrar paz: no he venido a sembrar paz, sino espada. He venido a enemistar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; los enemigos de cada uno serán los de su propia casa.
El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará.
El que les recibe a ustedes, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, tendrá recompensa de justo. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, en verdad les digo que no perderá su recompensa».
Cuando Jesús acabó de dar instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades.
Reflexión
“No he venido a sembrar paz, sino la espada”
En el evangelio de hoy Jesús nos advierte que su mensaje exige una elección total. Seguir sus pasos trae conflictos incluso dentro de nuestras familias, ya que la fe auténtica a veces altera la falsa “tranquilidad”. Nuestra elección ante su mensaje es ponerle a él por encima de todo y asumir con esperanza nuestras dificultades.
He venido a sembrar “la espada”, dice Jesús. La espada representa la palabra de Dios, que separa la mentira de la verdad y nos obliga a tomar partido con él. Su palabra es una espada capaz de cortar el mal, defender la verdad y revelar los pensamientos más profundos del ser humano.
En un contexto donde el amor de Dios choca con los valores del mundo, la espada de la Palabra tiene el poder de elegir a Dios y a su Hijo por encima de todas las personas y sus circunstancias. Jesús no nos pide odiar a la familia, sino que seamos leales a Dios, que es lo más importante. Si amamos a Dios sobre todas las cosas, amaremos mejor a los demás, daremos un verdadero amor a la familia. No será fácil esta elección, pues, implica cargar con la cruz de las dificultades, pero haciendo lo correcto siempre. Perder la vida por Jesús es dejar de ser egoístas, dejar el orgullo, la soberbia, para vestirse con el traje del amor.
Jesús no ha venido a sembrar la falsa paz de la comodidad, ha venido con la espada de doble filo que corta el mal y corrige el corazón.




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