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Lunes 06 de julio 2026

  • Foto del escritor: Fr. Rómulo Vásquez Gavidia, OP
    Fr. Rómulo Vásquez Gavidia, OP
  • 3 jul
  • 2 min de lectura

XIV semana TO


Evangelio 


Lectura del santo evangelio según san Mateo 9, 18-26


En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, se acercó un jefe de los judíos que se arrodilló ante él y le dijo: «Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, impón tu mano sobre ella y vivirá».

Jesús se levantó y lo siguió con sus discípulos.

Entre tanto, una mujer que sufría flujos de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó la orla del manto, pensando que con solo tocarle el manto se curaría. Jesús se volvió y al verla le dijo: «¡Ánimo, hija! Tu fe te ha salvado».

Y en aquel momento quedó curada la mujer.

Jesús Llegó a casa de aquel jefe y, al ver a los flautistas y el alboroto de la gente, dijo:«¡Retírense! La niña no está muerta, está dormida».

Se reían de él.

Cuando echaron a la gente, entró él, cogió a la niña de la mano y se levantó.

La noticia se divulgó por toda aquella comarca.


Reflexión


“Cogió a la niña de la mano y se levantó”.


Seguimos recorriendo el camino de Jesús en el ejercicio de su ministerio. El evangelio de hoy nos relata la curación de la hija de un judío, jefe de una sinagoga, y de una mujer que padecía flujos de sangre por 12 años. Los discípulos siguen aprendiendo de Jesús su modo de actuar ante el dolor y la desesperanza de la gente, sin detenerse en las barreras sociales, de marginación o de muerte. La fe auténtica en Jesús no encuentra barreras invencibles.


Entre los puntos a destacar en estos dos milagros encontramos:

  • Perseverancia en medio del dolor. Jairo era un líder de la sinagoga desesperado por la muerte de su hija. Su actitud nos muestra que el dolor no debe alejarnos de Dios, que se ha manifestado en Jesús, sino impulsarnos ante él con humildad y esperanza. Siendo un líder de una Sinagoga se atrevió a postrarse delante de Jesús para pedirle un favor, acto que solo Dios lo puede hacer: “Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, impón tu mano sobre ella y vivirá”. Con su postración y pedido reconoce a Jesús como Dios.

  • El poder de la fe humilde. Aquella mujer hemorroisa, consciente de su condición, no se acerca a hablar directamente con Jesús, pues sufría flujos de sangre, y debería mantener su distancia conforme a la ley. Sin embargo, en silencio, cree que solo bastaría con tocar el manto de Jesús podría sanar. Y así fue. Jesús la felicita y le da ánimo: “ánimo, tu fe te ha salvado”. Su fe le salva del dolor y de su marginación, le devuelve su dignidad de mujer e hija de Dios.

  • La vida sobre la muerte. Mientras los presentes se burlaban de las palabras de Jesús sobre la niña, “la niña está dormida”, Jesús demostró su autoridad sobre la muerte. Los discípulos van aprendiendo que Jesús tiene poderes divinos.

Aprendamos de Jairo y de la mujer hemorroisa a no dejarse vencer por el dolor y los problemas de la vida. En Jesús tenemos quien nos dé la mano para levantarnos, alguien que se deja tocar el manto sanador.  


 
 
 

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