Jueves 30 de julio 2026
- Fr. Rómulo Vásquez Gavidia, OP

- 30 jul
- 3 min de lectura
XVII semana TO
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 47-53
En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:
«El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.
¿Han entendido todo esto?».
Ellos le responden: «Sí».
Él les dijo: «Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo».
Cuando Jesús acabó estas parábolas, partió de allí.
Reflexión
“El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar”
El evangelio de hoy nos relata la última parábola del Sermón de las parábolas contenidas en Mt 13: se trata de la historia de la red que se echa al mar para pescar y recoge peces de todas clases. La historia refleja el final de un día de trabajo. Los pescadores salen al mar con la única finalidad: echar la red, tomar muchos peces, llevar la red llena hasta la playa y escoger los peces buenos para llevarlos a la casa y desechar los malos. La historia describe la satisfacción del pescador al final del día de trabajo pesado y cansado. Nos imaginamos que la pesca ha hecho que el pescador sonría por el éxito de su esfuerzo, pues si no hubiera sido así el rostro del pescador habría sido de tristeza expresado en el silencio y desgano (Jn 21,3).
Dios nos ha atrapado a todos en la red de su amor. En la persona de Jesús y su evangelio nos ha atrapado, “porque tanto amó Dios al mundo” (Jn 3,16). Pero, el mismo Dios, por medio de sus servidores hará el trabajo de separar los buenos de los malos. Dios ha querido atraparnos a todos, a nadie ha querido dejarlo fuera. Pero, así como en su infinito amor ha querido atrapar a todos, tiene también la potestad de seleccionar, según los peces correspondan a su satisfacción. Por eso, el oyente está invitado y advertido que solo a los se dejan atrapar y satisfacen al Pescador serán llevados a la Casa: “Así sucederá al fin del mundo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de entre los justos y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. «¿Han entendido todo esto?»”. Habrá un final donde hay separación entre los buenos y los malos: Los buenos son llevados a la casa del Padre, los malos serán desechados, como se desecha la basura y se quema.
No se trata de concebir a Dios como un dios juez malvado que no da oportunidades al pecador. “Dios no quiere la muerte del pecador, sino que éste se convierta y tenga vida en abundancia” (Ez 33,11). La primera lectura nos relata el actuar de Dios como el alfarero: “«¿No puedo yo tratarlos como este alfarero, casa de Israel? -oráculo del Señor-. Pues lo mismo que está el barro en manos del alfarero, así están ustedes en mi mano, casa de Israel” (Jer 18, 1-6). Dios hace de todo para salvarnos, pero respeta la libertad de cada persona, que es responsable de quedar fuera, como la basura en la gehena.




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