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Jueves 20 de agosto 2026

Foto del escritor: Fr. Rómulo Vásquez Gavidia, OP
Fr. Rómulo Vásquez Gavidia, OP
18 ago
3 min de lectura

XX semana TO

San Bernardo, abad y doctor (MO)


Evangelio 


Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 1-14


En aquel tiempo, Jesús volvió a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo:

«El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar otros criados encargándoles que dijeran a los convidados: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Vengan a la boda”.

Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: “La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Vayan ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encuentren, llámenlos a la boda”.

Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: “Amigo, ¿Cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?”. El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los servidores: “Átenlos de pies y manos y arrójenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”. Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos».


Reflexión


“Tengo preparado el banquete… Vengan a la boda”


El evangelio de hoy nos presenta a Jesús comparando el reino de los cielos con un rey que ofrece un banquete de bodas. Al negarse participar los primeros invitados, el rey manda a sus servidores ir por los caminos a convocar a todos, buenos y malos. Sin embargo, los que entran en el banquete deben vestirse de fiesta, de lo contrario será invitado a salir de la fiesta.


Jesús ha dibujado el Reino  con un banquete para dar a entender que todos estamos invitados. Los primeros invitados fueron los del pueblo de Israel, pero ellos no fueron capaces de entender y valorar esta invitación, esta bondad de Dios que nos invita a las bodas de su Hijo, con quien se da la nueva alianza. Todos estamos invitados, no estamos obligados a participar en el banquete; Dios no nos obliga a entrar en su casa. Pero, los que aceptan entrar en el banquete deben hacerlo con dignidad, con el vestido de la gracia, el vestido de Cristo, el vestido del “esplendor del alma” (STA), el vestido de la presencia de Dios en nuestra alma. Jesús no puede entrar donde no hay amigos de verdad para celebrar su fiesta. Y no tiene sentido estar en una mesa donde no nos sentimos amigos del dueño de la casa. Dios nos ama, y nuestra respuesta debe ser también una presencia de amor ante él.


La Eucaristía es el banquete del Señor al que todos estamos invitados a participar. No nos cuesta dinero, sino buena voluntad y libertad, buena disposición para participar con dignidad. En la Eucaristía se nos da la prenda de la gloria futura, nos dice Santo Tomás de Aquino. No la perdamos.

 
 
 

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