Jueves 17 de setiembre 2026

XXIII semana TO
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas 7, 36-50
En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él y, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. En esto, una mujer que había en la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino trayendo un frasco de alabastro lleno de perfume y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con las lágrimas, se los enjugaba con los cabellos de su cabeza, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo: «Si este fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que lo está tocando, pues es una pecadora».
Jesús respondió y le dijo: «Simón, tengo algo que decirte».
Él contestó: «Dímelo, Maestro».
Jesús le dijo: «Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagarle, les perdonó a los dos. ¿Cuál de ellos le mostrará más amor?».
Respondió Simón y dijo: «Supongo que aquel a quien le perdonó más».
Le dijo Jesús: «Has juzgado rectamente».
Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? He entrado en tu casa y no me has dado agua para los pies; ella, en cambio, me ha regado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con sus cabellos. Tú no me diste el beso de paz; ella, en cambio, desde que entré, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo: sus muchos pecados han quedado perdonados, porque ha amado mucho, pero al que poco se le perdona, ama poco».
Y a ella le dijo: «Han quedado perdonados tus pecados».
Los demás convidados empezaron a decir entre ellos: «¿Quién es éste, que hasta perdona pecados?».
Pero él dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado, vete en paz».
Reflexión
“Tu fe te ha salvado”
El evangelio de hoy nos presenta a Jesús invitado a una comida por un fariseo. Habían también otros invitados. El texto dice: “un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él”. Un gesto muy bueno: no era una invitación por compromiso, sino que tenía el deseo de tenerlo a Jesús en su casa, junto con otros invitados que tenía para ese día. Esta forma de actuar es uno de los caminos para hacer amistad con las personas aunque no se compartan las mismas convicciones. Jesús, aunque los demás fariseos no le tenían aprecio sino más bien discrepaban por sus enseñanzas, acepta esta invitación porque no tiene prejuicios contra nadie.
Sin embargo, el fariseo rompe la cordialidad cuando una mujer de la ciudad, tenida por pecadora, se acerca donde Jesús, lava sus pies y llora abrazándolo. La murmuración del fariseo lleva a Jesús a aclarar su posición ante las personas. A pesar que ha sido invitado a comer no se calla ante el comentario ofensivo. El texto relata las palabras del fariseo: “Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que lo está tocando, pues es una pecadora”. El comentario no era solo un desprecio contra la mujer por su condición de pecadora, sino contra la misión profética de Jesús.
Jesús no negocia su misión. Él ha venido para todos y en especial para los más necesitados de misericordia divina. Por eso, después de narrar la parábola del prestamista y los deudores para enseñar sobre la generosidad del amor, declara a la mujer: “Han quedado perdonados tus pecados… Tu fe te ha salvado, vete en paz”.
Solo quienes lloran sus pecados recibirán el perdón y la paz verdadera.

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