Jueves 09 de julio 2026
- Fr. Rómulo Vásquez Gavidia, OP

- 8 jul
- 2 min de lectura
XIV semana TO
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo 10, 7-15
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: "Vayan y proclamen que ha llegado el reino de los cielos. Curen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos, arrojen demonios. Gratis han recibido, denlo gratis. No se procuren en la faja oro, plata ni cobre; ni tampoco alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; bien merece el obrero su sustento. Cuando entren en una ciudad o aldea, averigüen quién hay allí de confianza y quédense en su casa hasta que se vayan. Al entrar en una casa, saluden con la paz; si la casa se lo merece, su paz vendrá a ella. Si no se lo merece, la paz volverá a ustedes. Si alguno no les recibe o no escucha sus palabras, al salir de su casa o de la ciudad, sacudan el polvo de los pies. En verdad les digo que el día del juicio les será más llevadero a Sodoma y Gomorra, que a aquella ciudad».
Reflexión
“Vayan y proclamen que ha llegado el Reino”.
El evangelio de hoy narra el envío de los apóstoles por parte de Jesús, con la misión de anunciar el Reino de los cielos, sanar enfermos, expulsar demonios gratuitamente, instruyéndolos a confiar en la Provincia y la hospitalidad.
“Gratis han recibido, denlo gratis”, les dice Jesús. La fe y los dones de Dios no se venden ni se compran. Deben compartirse por amor, con la misma pasión de Jesús. Evangelizar no es un negocio lucrativo, es llevar la mies abundante, el tesoro del evangelio para que todos los pueblos conozcan al Salvador, lo amen, le alaben y le sirvan con todas sus fuerzas. Esta gratuidad tiene su fundamento en Dios, porque él es quien nos ha dado la existencia gratuitamente.
El desapego a lo material es una de las características del discípulo. Esto es un signo de que se es discípulo con vacación, que confía en la providencia de Dios y en la solidaridad de aquellos que reciben el evangelio. El discípulo sabe que su entrega generosa a la proclamación del evangelio lleva a despertar la conversión de quienes lo acojan, porque evangelizar implica persuadir, como lo hacía san Pablo en Corinto (Hch 18,4). Siempre habrá algún detalle con el “obrero” de parte de quienes acogen el evangelio, porque donde llega la Palabra, ésta transforma corazones.
El mensaje del anuncio es la paz: “Al entrar en una casa, saluden con la paz”. La predicación de la paz es lo que pide el Señor. Ante los posibles rechazos, los discípulos sacuden de los pies el polvo del resentimiento y del desánimo, el polvo del desaliento y de la desilusión.




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