Jueves 02 de julio 2026
- Fr. Rómulo Vásquez Gavidia, OP

- 30 jun
- 2 min de lectura
XIII semana TO
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo 9, 1-8
En aquel tiempo, subió Jesús a una barca, cruzó a la otra orilla y fue a su ciudad. En eso le presentaron un paralítico, acostado en una camilla. Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: «¡Ánimo, hijo!, tus pecados están perdonados».
Algunos de los escribas se dijeron: «Éste blasfema».
Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo: «¿Por qué piensan mal en sus corazones? ¿Qué es más fácil decir: "Tus pecados te son perdonados", o decir: "Levántate- y echa a andar"? Pues, para que vean que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados - entonces dice al paralítico -: "Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa"».
Se puso en pie, y se fue a su casa. Al ver esto, la gente quedó sobrecogida y alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad.
Reflexión
¡Ánimo, hijo!, tus pecados están perdonados.
Seguimos caminando con Jesús, aprendiendo de sus enseñanzas en la vida real y cotidiana, como también en la vida espiritual. El evangelio de hoy nos presenta a Jesús declarando el perdón de los pecados a un paralítico presentado en una camilla por una comunidad. Este milagro se realiza a pedido de las personas que la presentan y por la fe que ellos tenían: “viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: “¡Ánimo, hijo!, tus pecados están perdonados”.
Los discípulos van aprendiendo sobre la persona de Jesús, sobre su ministerio. No solo cura dolencias físicas, sino que también cura el alma. Los pecados, que solo los puede perdonar Dios, también son perdonados por el mismo Jesús. Por tanto, Jesús no solo es un profeta más, sino que tiene un poder divino, que representa al mismo Dios perdonando. Los Escribas no pueden creer eso, se escandalizan por las palabras de Jesús, y lo consideran un blasfemo. Les hace difícil creer que un judío como ellos se atreva a declar perdonado a un enfermo, pues ellos enseñaban que las enfermedades son producto del pecado.
Para nosotros es un gozo que Dios nos haya hecho partícipes del perdón a través de Jesús y de la Iglesia. Si bien es cierto que muchos hermanos hoy niegan el poder que tiene la Iglesia, por medio de sus ministros, para perdonar pecados, nosotros lo creemos, porque el mismo Jesús dio ese poder a sus apóstoles: “Reciban el Espíritu Santo. A quienes perdonen sus pecados les quedarán perdonados” (Jn 20,22-23). Los que niegan este poder no son cristianos, son seguidores de los escribas que se escandalizaban al escuchar a Jesús perdonando pecados de los enfermos que atendía movidos por su compasión. Por el ministerio de la Iglesia, también nosotros escuchamos la voz de Jesús: Ánimo, tus pecados están perdonados”.




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