Domingo 26 de julio 2026
- Fr. Rómulo Vásquez Gavidia, OP

- hace 15 horas
- 3 min de lectura
XVII semana TO
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 44-52
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
«El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El reino de los cielos se parece también a un comerciante de perlas finas, que al encontrar una de gran valor se va a vender todo lo que tiene y la compra. El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.
¿Han entendido todo esto?».
Ellos le responden: «Sí».
Él les dijo: «Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo».
Reflexión
“El Reino de Dios se parece a un tesoro, una perla y una red”.
El evangelio de hoy presenta a Jesús comparando el Reino de Dios con un tesoro escondido en un campo, una perla preciosa encontrada por un comerciante de perlas finas y una red que se echa al mar para pescar. Jesús enseña que encontrar a Dios vale mucho más que cualquier sacrificio terrenal, y advierte que, al final, el bien y el mal serán separados.
El tesoro y la perla preciosa representan el Reino de Dios escondido para muchos y encontrado por quienes están en camino, en búsqueda de algo más de lo que han alcanzado. Un hombre encuentra el tesoro enterrado y un comerciante halla una perla perfecta, preciosa. Ambos venden todo lo que tienen para adquirirlos, porque no quieren dejar la oportunidad de disfrutarlos. En el plano espiritual, este tesoro y esta perla preciosa simbolizan el evangelio de Jesús: su persona y su mensaje son el tesoro y la perla fina para la humanidad, más valiosos que toda riqueza; pero, para ganar a Cristo exige un compromiso libre y serio. Él mismo lo dijo: “el que no me ama más que a su padre y a su madre…, no es digno de mí” (Mt 10,37).
Quien descubre el valor de Dios, deja todo para entregarse a él y lo hace con alegría y no por obligación. Quien ha encontrado a Dios ya no espera nada más, “puede descansar en paz”, como dijo el viejo Simeón en la presentación del niño Jesús en el Templo: “Ahora, Señor, según tu Palabra, puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto a tu salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a todas las naciones y gloria de tu pueblo…” (Lc 2,29-32).
El amor de Dios es como una red, nos dice también el evangelio: el amor nos atrapa a todos, buenos y malos. Pero habrá un final donde los buenos serán separados de los malos por los pescadores designados por Dios. La gracia y la bondad de Dios implica también obrar con rectitud, poner en su lugar según la elección de cada persona. Dios no puede salvar sin contar con la libertad de las personas, pues a cada uno le dio libertad para elegir según su conciencia.
Que Jesús nos siga inspirando la sabiduría e iluminando la inteligencia para saber elegir el Reino de Dios como el tesoro más grande y la perla más preciosa para nuestra vida.




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