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Domingo 25 de octubre 2026

Foto del escritor: Fr. Rómulo Vásquez Gavidia, OP
Fr. Rómulo Vásquez Gavidia, OP
hace 2 días
4 min de lectura

XXX semana TO


Evangelio 


Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 34-40


En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron algunos discípulos suyos, con unos herodianos, y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie, porque no te fijas en apariencias. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?».

Comprendiendo su mala voluntad, Jesús les dijo: «Hipócritas, ¿por qué me tientan? Enséñame la moneda del impuesto».

Le presentaron un denario. Él les preguntó: «¿De quién son esta imagen y esta inscripción?». Le respondieron: «Del César».

Entonces les replicó: «Pues den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».


Reflexión


“Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón y al prójimo como a ti mismo”.


El evangelio de este domingo nos presenta a Jesús respondiendo a una pregunta de un fariseo sobre el mandamiento principal de la Ley. La respuesta de Jesús se encuentra en dos libros de la Ley. En el libro del Deuteronomio está la primera parte de su respuesta: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente” (Cf. Dt 6,4-9); y en el libro del Levítico la parte: “amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Lv 19,18). Jesús dice que estos dos mandamientos sostienen la Ley y los Profetas; es decir, esos dos mandamientos resumen toda la Escritura del AT.


Este encuentro de los fariseos con Jesús, nos dice el evangelio, parte de una reacción de los fariseos, quienes, al enterarse de que Jesús había hecho callar a los saduceos, quieren probar su sabiduría. Su intención es ponerlo a prueba. Ellos eran expertos en los mandamientos divinos. La pregunta que le hace uno de ellos expresa una preocupación frecuente en la tradición rabínica de la época: “¿Qué mandamientos eran importantes, los diez mandamientos u otros, considerando que los contenidos en la Torá eran tan numerosos, 613? Entre tantos mandamientos, ¿había alguno más importante que los demás, uno que pudiera guiar al creyente que quería hacer la voluntad de Dios? Esto es lo que querían saber con certeza de parte de Jesús, reconocido como Maestro que habla con autoridad.


Ante los expertos en la Ley, Jesús da respuesta citando la misma Ley. En el libro del Deuteronomio se encuentra la profesión de fe en el Señor Dios que el creyente judío repetía dos veces al día y comienza con estas palabras: “¡Escucha, Israel! El Señor nuestro Dios es solamente uno” (Dt 6,4). Esta oración, que en la tradición judía es la oración por excelencia, proclama ante todo que Dios es uno y único, y que escucharlo, conocerlo por revelación, significa adherirse a él y amarlo con todo el corazón, con toda la vida, con toda la mente. La dinámica es: de la escucha a la fe, de la fe al conocimiento, del conocimiento al amor.


Nuestro amor a Dios solo puede surgir de haberlo escuchado primero. La primera lectura nos hace hincapié en la primacía de la escucha: “Esto dice el Señor: No maltratarás, no explotarás a viudas ni a huérfanos. Si los explotas y gritan a mí, yo escucharé su clamor…” (Cf Ex 22,20-26). Dios es el ejemplo de “escuchar” y por eso pide a su pueblo “escuchar” lo que le pide. Escuchar a Dios significa obedecer sus mandatos, vivir según su voluntad. Para cumplir su voluntad tenemos que conocer su amor. Amamos a Dios en respuesta al amor recibido (Cf. 1 Jn 4,8-16).


Si amamos verdaderamente a Dios porque hemos recibido su amor inmerecidamente, el amor al prójimo es un mandamiento que emana directamente del amor recibido de Dios. Jesús sitúa este mandamiento junto al primero, como similar al de escuchar y amar a Dios. La fe en Dios obra a través del amor al prójimo, a aquellos a quienes acercamos, a aquellos a quienes elegimos amar cuando los encontramos, al igual que lo hizo el buen samaritano. Sobre el amor al prójimo, Jesús dirá: “Haz a los demás lo que quieras que te hagan a ti” (Mt 7,12).


Así pues, amar a Dios y al prójimo como a sí mismo resume la Ley y los Profetas. No se pueden leer estos dos mandamientos por separado, siempre hay que hacerlo juntos, porque juntos recapitula toda la Ley (Cf. Rm 13,8-10; Gal 15,14; Stg 2,8). “El que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios, a quien no ha visto”, leemos en la primera carta de San Juan (1Jn 4,20). Quien no sabe escuchar al hermano que ha visto, no puede escuchar a Dios, a quien no ha visto. “El amor a Dios es el primero en el orden de los preceptos. El amor al prójimo es el primero en el orden de la práctica... Al amar a tu prójimo, purificas tu mirada para que puedas ver a Dios” (San Agustín).

 
 
 

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