Domingo 19 de julio 2026
- Fr. Rómulo Vásquez Gavidia, OP

- 10 jul
- 3 min de lectura
XVI semana TO
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 24-30
En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente diciendo: «El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras los hombres dormían, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó.
Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?”.
Él les dijo: “Un enemigo lo ha hecho”.
Los criados le preguntan: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?”.
Pero él les respondió: “No, que al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo. Déjenlo crecer juntos hasta la siega y cuando llegue la siega diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero”».
Reflexión
“Déjenlo crecer juntos hasta la siega”.
Dios permite que el trigo y la cizaña crezcan juntos, aunque ese proceder no lo suele entender el ser humano, que busca crecer casi siempre en solitario o convivir con gente seleccionada según criterios narcisistas. Cuesta vivir juntos con quienes consideramos complicados, un obstáculo para vivir en paz.
Con la parábola del trigo y la cizaña creciendo juntos, Jesús enseña a sus discípulos que el papel de juez entre buenos y malos solo lo tiene Dios. Él es el único con derecho a juzgar y separar a los que han obrado el bien, dejar en su lugar a los que no han hecho lo mismo, como se lee también en la parábola del juicio final (Mt 25,32). Solo Dios es justo y recto en su proceder, nos dice la primera lectura: “Fuera de ti no hay otro Dios que cuide de todo, a quien tengas que demostrar que no juzgas injustamente. Porque tu fuerza es el principio de la justicia y tu señorío sobre todo te hace ser indulgente con todos” (Sb 12, 13-19).
Jesús siembra cada día semilla buena, que son los hijos de Dios, en la humanidad. Pero en este campo también siembra el enemigo. ¿Qué hacer ante la tentación de arrancar a los que consideramos cizaña? No es fácil convivir con quienes sabemos que son difíciles de tratar. Una de las maneras de ayudarnos a no actuar como jueces es el silencio para preguntarnos, mirándonos a nosotros mismos: ¿Cómo estoy seguro que yo soy realmente trigo? Dice San Agustín: “Mírense a ustedes mismos, retornen a sus conciencias, interroguen a su fe. Y si reconocen que son granos, venga a su mente: ‘quien persevere hasta el final, ese se salvará’ (Mt 10,22). Pero quien encuentre ser cizaña, no tema cambiar. Todavía no hay orden de cortar, aún no es el momento de la siega. No seas hoy lo que eras ayer, o no seas mañana lo que eras hoy. Dios te ha prometido el perdón una vez que hayas cambiado; no te lo prometido el día de mañana… Después de esta vida será el momento de recoger lo que se obró, no de hacer lo que no se obró”.
Que no tema el trigo a la cizaña. El enemigo ha sembrado cizaña en todas partes. También en cada corazón. Hay tiempo para que el trigo siga madurando y la cizaña pueda dejar de ser un enemigo. Y sobre todo, tenemos esperanza que el justo juez sea benigno con todos, en especial para quienes han perseverado en el amor.




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