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Domingo 12 de julio 2026

  • Foto del escritor: Fr. Rómulo Vásquez Gavidia, OP
    Fr. Rómulo Vásquez Gavidia, OP
  • 8 jul
  • 3 min de lectura

XIV semana TO


Evangelio 


Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 1-23


Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al mar. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó y toda la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló muchas cosas en parábolas: "Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, una parte cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y como la tierra no era profunda brotó enseguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otra cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron. Otra cayó en tierra buena y dio fruto: una, ciento; otra, sesenta; otra, treinta. El que tenga oídos, que oiga».

Se le acercaron los discípulos y le preguntaron: «¿Por qué les hablas en parábolas?».

Él les contestó: «A ustedes se les han dado a conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumple en ellos la profecía de Isaías: “Oirán con los oídos sin entender; mirarán con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure". Pero bienaventurados sus ojos porque ven y sus oídos porque oyen. En verdad les digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que ven y no lo vieron, y oír lo que oyen y no lo oyeron. Ustedes, pues, oigan lo que significa la parábola del sembrador: si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino. Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha la palabra y la acepta enseguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumbe. Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ése da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno».


Reflexión


“Salió el sembrador a sembrar”


El evangelio de hoy nos presenta a Jesús explicando el Reino de Dios con la parábola del sembrador. Dios mismo es el sembrador que ha salido a sembrar la semilla de su Palabra en los corazones de todas las personas y en todas partes. Dios confía su Palabra en nosotros y depende de la actitud con que la recibimos para ver los resultados.


Han pasado más de 2000 años y el mundo no ha cambiado. ¿Por qué? ¿Por qué, después de dos mil años de haber muerto Jesús en la cruz, salvar a la humanidad y mandar al Espíritu Santo, no ha aparecido la civilización del amor ansiada, ni parece que se acerca a un mundo mejor? ¿Quién ha fallado: Jesús o las personas?


No depende de Dios para que el mundo cambie. Él sale, como el campesino sembrador, todos los días para bendecirnos con el sol, la lluvia, etc. En cada celebración eclesial, en la Eucaristía en especial, Dios siembra su Palabra. Pero depende de las personas para que esta Palabra dé frutos. 


Lastimosamente, muchos seguimos con las antiguas debilidades y defectos. Es oportuno preguntarnos cómo se recibe o acoge la Palabra de Dios en el plano familiar, en la vida religiosa, en el plano personal, en las instituciones, en la formación escolar, etc. Por los frutos nos daremos cuenta qué tipo de terrenos somos al momento de escuchar a Dios. Si en la familia existe armonía, respeto mutuo entre los miembros de la familia, etc., pues se tratará entonces de una tierra apta para seguir sembrando la semilla que siempre es buena. Si en la vida religiosa predomina el testimonio de vida, si se ve que en la vida y acciones de las personas consagradas se ve una presencia especial de Dios, se trata de un terreno bueno y que dará frutos buenos.


Todos los días sale el sembrado, depende de nosotros si acogemos o no la buena semilla. Que al escuchar la Palabra, meditarla y orar con ella, podamos preguntarnos: ¿Qué tengo que cambiar concretamente?” Porque la semilla sin duda es buena. Debemos hacer que también la tierra sea buena.

 
 
 

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