Domingo 05 de julio 2026
- Fr. Rómulo Vásquez Gavidia, OP

- 30 jun
- 2 min de lectura
XIV semana TO
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 25-30
En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo:
«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Vengan a mí todos los que estén cansados y agobiados, y yo los aliviaré. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso para sus almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».
Reflexión
“Aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón”
En este domingo XIV del TO, Jesús nos invita a abandonar la soberbia y el perfeccionamiento autoexigente, proponiendo un estilo de vida basado en la sencillez. Promete aliviar las fatigas a todos los que acudan donde él para aprender la mansedumbre y la humildad, haciendo de que las cargas espirituales sean llevaderas y suaves, sin que esto signifique abandono de la radicalidad del evangelio.
Jesús alaba a Dios por “ocultar” los misterios del Reino a los “sabios y entendidos” y revelarlos a la gente sencilla. Esto no significa que Dios rechace la inteligencia humana; significa más bien un rechazo a la autosuficiencia, la soberbia intelectual o el orgullo espiritual que nos alejan de Dios. Se necesita una actitud humilde y abierta, como la de un niño, para experimentar y comprender el amor de Dios.
¿Dónde o con quien podemos aprender a ser humildes? La respuesta la da el mismo Jesús: “vengan a mí”, “aprendan de mí". Él es manso y humilde de corazón, como lo dice él mismo en el evangelio, en conformidad con las profecías: “Mira que viene tu rey, justo y triunfador, pobre y montado en un borrico, en un pollino de asna” (Cf. Za 9,9-10). Como Rey justo no impone cargas pesadas a sus servidores, sino que les invita a cargar con su yugo llevadero, porque la parte más pesada recae sobre él. Jesús no elimina nuestras responsabilidades ni los problemas de la vida, pero nos ofrece una forma distinta de llevarlos: unidos a él por medio de su yugo y caminamos a su lado. Su propuesta no es una carga aplastante, sino una relación de amor que da sentido, paz, y descanso al alma.
Si de verdad queremos conocer los misterios del Reino, aprendamos de Jesús a ser mansos y humildes de corazón. Jesús nos advierte que solo los mansos recibirán la tierra prometida: “Bienaventurados los mansos porque ellos recibirán la tierra en herencia” (Cf. Mt 5,5; Sal 37,11), es decir, vida plena, llena de paz y bajo la gracia de Dios, tanto en el presente como en la vida eterna . Ser manso no significa debilidad, sino tener un espíritu apacible, confiando en Dios en lugar de buscar la venganza o imponerse por la fuerza.




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