Sábado 04 de julio 2026
- Fr. Rómulo Vásquez Gavidia, OP

- 30 jun
- 2 min de lectura
XIII semana TO
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo 9, 14-17
En aquel tiempo, los discípulos de Juan se acercan a Jesús, preguntándole: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?».
Jesús les dijo: «¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán.
Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto y deja un roto peor. Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos; porque revientan los odres: se derrama el vino y los odres se estropean; el vino nuevo se echa en odres nuevos y así las dos cosas se conservan».
Reflexión
“Los amigos del esposo”
Retomamos el camino de Jesús en su predicación. El evangelio de hoy lo presenta como el esposo, cuyos discípulos son sus amigos, y como tales no están sometidos a normas rituales, porque su presencia es una fiesta, es un banquete de bodas, donde la alegría del nuevo vino se impone a las penitencias formales.
En la Biblia, el esposo (marido) simboliza el liderazgo, la protección y el amor sacrificial. En sentido espiritual, el esposo o novio representa la relación de pacto, amor incondicional y fidelidad entre Dios y su pueblo. Los términos se usan como una analogía para ilustrar la unión íntima, eterna y sagrada que el Creador desea tener con la humanidad.
En el AT, los profetas describen a Dios como un esposo fiel y apasionado. Dios es el esposo y su pueblo Israel la esposa (Is 62,4-5). Cuando el pueblo se alejaba y adoraba a otros dioses (falsos esposos), los profetas lo describen simbólicamente como infidelidad o adulterio espiritual. A pesar de estas faltas del pueblo, el amor de Dios permanece inalterable, buscando siempre restaurar la comunión (Os 2). En el NT, Jesús es como el esposo (novio) de la Iglesia (creyentes). El apóstol Pablo enseña en Ef 5,25-32 que el esposo terrenal debe amar a su esposa de la misma manera que Cristo amó a la Iglesia, entregándose por ella para santificarla.
Jesús ha venido al mundo por amor, como novio convencido de su novia, la Iglesia que fundaría con la convocatoria de sus discípulos. Nuestra relación con Jesús no se funda en ritos religiosos, por más significativos que éstos sean, sino en el amor de Dios que ha sido derramado en nuestros corazones, por el Espíritu Santo que se nos ha sido dado (Rm 5,5). Los ritos en sí mismos no tienen la fuerza como las cosas que se celebran movidas por el amor puro y verdadero.




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