CONSEJOS PRÁCTICOS PARA HACER PASTORAL VOCACIONAL
-PROMOTOR PROVINCIAL DE LA PROVINCIA DOMINICANA
SAN JUAN BAUTISTA DEL PERÚ-

  • La continuidad del Promotor Vocacional. No es un oficio para desempeñar sólo durante algunos meses o unos cuantos años. Se necesita continuidad de la persona responsable.
  • El testimonio de vida en las comunidades locales. Es un aspecto imprescindible, especialmente en dos sentidos: uno, porque la mejor y más fecunda acción vocacional es la que se respalda con el testimonio de vida; de otra manera es muy difícil que una comunidad suscite buenas vocaciones y otro, porque resulta ser un aspecto esencial en cuanto al tema de la acogida a los jóvenes y la capacidad de generar un apostolado con buenos frutos en medio de ellos.
  • Conformar un equipo de animación vocacional. Una persona sola en esto no alcanza a dar los resultados que una Comunidad espera. Debe haber una cabeza que organice en coordinación con el Consejo de Formación y con ella un equipo que se movilice por los distintos lugares (los Promotores Locales tienen esta misión que cumplir, para eso se les ha asignado y confiado a colaborar en las vocaciones).
  • Dirigir la mirada al ámbito familiar. El plan de pastoral vocacional debe incluir un contacto personal, directo del Promotor Vocacional con la familia de cada chico; si esto es no es posible, el Promotor Local debe desempeñar esta función e informar al Promotor Provincial, detalladamente. Esto es muy necesario para que la familia colabore. Diluya falsas sospechas y apoye en todo sentido al candidato.
  • La adecuada preparación humana y religiosa del Promotor Vocacional. Un Promotor no sólo es bueno por buena persona y por sociable; lo es esencialmente por la honestidad y seriedad de su propia vida religiosa así como su competencia en el ámbito de la vocación religiosa, el conocimiento del carisma propio y por su capacidad para incursionar con respeto y certeza en el mundo interior de un joven, para ayudarle a identificar qué está construyendo Dios en su vida.
  • Análisis global de la realidad en que vive el joven. En un joven hay que leer no sólo su conducta, comportamiento, actitudes y aptitudes, sino, su entorno y la historia concreta que le es propia: el medio socio-económico del que proviene, la cultura en la cual se ha formado, las influencias que le afectan, etc. Hay que verificar un mínimo de “base humana”, para construir el proyecto de una vocación religiosa (es completamente necesario que se continúe trabajando su historia familiar, personal, espiritual y sexual desde el aspirantado hasta toda la etapa de formación).
  • Asumir procesos de maduración: Pastoral Juvenil a Pastoral Vocacional. No “empacar” en el Postulantado al primero que llegue. Debe haber procesos de maduración en la fe y sobre todo, hay que procurar una Pastoral Juvenil realmente organizada.
  • Contar con planes bien organizados. El Promotor debe saber dónde está y hacia dónde se dirige en su oficio y debe contar con un buen plan de trabajo, que incluya actividades, encuentros, misiones, visitas, pero también manejo de correo electrónico y correspondencia, así como un teléfono. La comunicación telefónica periódica asegura proximidad, trato personal y aporta al proceso de discernimiento, ante la imposibilidad de estar al tiempo en todas partes. También son importantes las giras vocacionales, documentación para propaganda y material para seguimiento de los candidatos. Debe incluir también un buen plan de oración por las vocaciones, para lo cual conviene contar con las monjas contemplativas. Estos planes deben evaluarse al menos trimestralmente, para no dejarse coger ventaja.
  • La oración por las vocaciones. Es un aspecto esencial. Empieza por el mismo Promotor (y sus Promotores Locales), pues si no “ora” por su oficio y por aquellos entre quienes lo desempeña, las buenas vocaciones deficilmente vendrán o se mantendrán. Hay que tener claro que el Promotor no es más que un instrumento útil del Espíritu. Debe promover la oración por las vocaciones en las comunidades locales, especialmente mediante alguna campaña anual, adecuadamente promovida.
  • Buscar en la medida de lo posible calidad humana. Gente que quiera ingresar a la vida religiosa aparece a la vuelta de la esquina. Gente que sirva para la vida religiosa hay que buscarla con lupa. Soy de la idea de buscar gente con condiciones humanas realmente adecuadas, preferiblemente que vengan de familias bien constituidas y de condiciones intelectuales normales. Los que muestran bajo rendimiento en lo académico suelen ser a largo plazo los más problemáticos en la vida comunitaria. Se reuniere gente sicológicamente sana. Hoy, que es tan común que los jóvenes provengan de familias “desbaratadas”, conviene medir particularmente la capacidad de sanación interior y de superación personal de los candidatos.
  • Contar con el aporte de las ciencias afines. Esto se refiere a: el médico, el psicólogo, el visitador social, el publicista (para la propaganda).
  • Incursionar en los medios de comunicación. Se necesita una presentación del carisma realmente atractiva, clara y adaptada a la realidad de hoy. Si el chico no encuentra en el carisma una respuesta suficiente a sus preguntas y un aporte concreto al mundo en el que vive, difícilmente hará una opción por ese carisma. No basta que sepamos que nuestro antiguo carisma sigue siendo nuevo. ¡Hay que mostrarlo de esa forma!
  • No llevar de entrada las vocaciones al carisma propio del Instituto. Con frecuencia lo primero que se propone a un chico es el carisma fundacional. Nuestra carta de presentación con los chicos es predicarles a Cristo, no hablarles del carisma de la Orden de Predicadores. Ellos generalmente no vienen buscando la figura de un fundador, sino planteando su necesidad de acercarse y conocer más a Jesús. Por eso, si no se les lleva a incursionar primero en la vida cristiana y en la vocacional fundamental humana, no hay dónde sostener la idea del carisma. El carisma es uno de los pasos más avanzados en el itinerario vocacional.
  • Hacer Pastoral Vocacional junto a la Iglesia particular. Hay que aportar desde los Equipos Diocesanos y apoyar sus planes. Una pastoral vocacional desarticulada de la Iglesia Particular difícilmente puede llevar a un joven a hacer una opción por la Iglesia y desde ella, por un carisma específico. El proceso eclesial de la vocación es común para todos.
  • Evitar el Promotor Vocacional contar con otros oficios incompatibles con el suyo principal. Casi siempre, como Promotor Vocacional va de comunidad en comunidad, se piensa que siempre anda disponible y resulta comprometiéndose en un montón de cosas que no ayudan en nada al desempeño del oficio. Debe centrarse en lo que le toca y obviamente, colaborar en su comunidad local en algo que le exija guardar un tiempo mínimo de presencia en su Comunidad de asignación, de lo contrario, perderá la dimensión de pertenencia a una comunidad local. En nuestra Provincia debe existir la colaboración asidua de todos los Promotores Locales ya que no contamos con hermanos que se “comprometan” en esta labor. ¡Hay que prepararse! ¡Hay que animar en las casas de formación! Si es responsable uno directamente con la Formación tendrá claro las áreas deficitarias o que hacen falta trabajar, eso ayuda bastante.
  • La colaboración de la familia religiosa. Para las comunidades que la tienen, como la nuestra, el apoyo entre las hermanas y los hermanos es definitivo. A ese respecto, un espacio clave de colaboración son los grupos juveniles y vocacionales mixtos (los que tienen a su cargo grupos en los colegios, parroquias y el Promotor de la Familia Dominicana en América Latina y el Caribe, son responsables también de promover las Vocaciones). Tanto los frailes como las hermanas debemos abrirnos más a esto.

 ¡Hay que hacer equipo y ayudarse mutuamente!

 

 

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