CARISMA DOMINICANO

Si deseas conocer la vida dominicana , es decir, si sientes que Dios quiere contar contigo totalmente para anunciar y construir el Reino, te damos la bienvenida en este caminar. Eres persona amada de Dios y convocada a su servicio de amor.

Estas páginas se escriben para ti. No son reflexiones vacías, están pensadas para caminar y decidir el horizonte vocacional dominicano. Recogen algunos pensamientos de amigos tuyos, hijos de Dios, vocaciones cristianas inquietas que vivieron antes que tú una experiencia similar a la tuya. ¿Sus nombres? No te asustes: Antonio de Montesinos, San Martín, Santa Rosa, también percibieron una vez la palabra amable, profunda y retadora de Jesús: “ si quieres... puedes seguirme”. Y le siguieron.

Ante todo elige ser humano

A tus hipotéticos años de juventud habrás alcanzado ya notable grado de desarrollo biológico cultural y de responsabilidad. Si así fuere te resulta ineludible una pregunta clave: ¿ qué tipo de ser humano quieres llegar a ser? Por tu calidad de persona humana gozas del privilegio de saber interrogarte y cuestionarte Espontáneamente buscas y das sentido a las cosas y deseas proyectar la vida tu vida mas allá de lo que ahora mismo es. Si matas tu proyección hacia el futuro, siegas la parte de tu vida que te queda por hacer. Mira pues la perspectiva y di cómo deseas perfilar tu ser humano.

Recuerda: eres un ser personal con vocación (es decir, llamado). Eres llamado a realizarte pues estás lleno de posibilidades que te desafían. Ser humano, más hombre cada día, es la primera dimensión vocacional que envuelve e impulsa a tu persona: ser él mismo, ser alguien en tu intimidad consciente, en tu libertad, entrega a los demás, nobleza de vida, búsqueda de Dios, hombre de saberes, equilibrio en el dinamismo de tus fuerzas vitales. Puedes renunciar a esa primera vocación, pero a costa de empobrecerte cortando el vuelo de tu espíritu y encerrándote en el estrecho marco en que se mueven las criaturas sin vocación.

Antes de elegir ser hombre religioso, elige pues, ser humano nada más, pero hombre auténtico. ¿Qué significa elegir ser hombre auténtico? Sentirse lanzado- y vivir, vocacionalmente, ese lanzamiento- a Ia consecución y cultivo de los valores que configuran, enriquecen integran y hacer al hombre, ser más humano. Antes de optar cualquier camino vocacional, debes conocerte, aceptarte, valorarte de lo contrario, iniciarás la un proyecto de vida pero sin raíces firmes.

Tu futuro feliz en Ia vida religiosa ha de construirse sobre tres pilares:
1. sana antropología y personalidad integrada, rica en valores;
lo cual depende en gran parte de tu responsabilidad.

2. adecuación entre tus cualidades personales y los valores cultivados en Ia comunidad religiosa; lo cual has de examinar con tu comunidad de acogida, acompañado con tu promotor vocacional.

3. y el don gratuito de Dios convocándote lo cual es gracia del Espíritu. Lo humano y lo divino en armonía; Ya puedes comprender que una persona displicente respecto de valores como consagración, vida comunitaria, celo apostólico, convivencia social, interés por la justicia y la paz, dominio de sí mismo..., no está en sintonía con Ia vida religiosa. Solamente un hombre integrado florece en hombre religioso.

Elige ser hombre creyente

Has asumido conscientemente tu vocación de ser hombre, de hacerte más humano cada día. Esa es tu primera vocación: desarrollar tus posibilidades en el sentido de realizar responsablemente tu existencia física, psíquica, intelectual, artística, profesional, religiosa.

Si te orientas hacia Ia “vida religiosa”, comprenderás que Ia vivencia de Dios es valor máximo. Sin Dios esa vida no tiene mucho sentido. Con El lo tiene, y en tal manera que el religioso auténtico hace de su vida una oblación continua y gozosa en su cercanía. Considera, pues, si es una realidad para ti ese encuentro con Dios, con ese Dios que no es solamente el Absoluto distante, lejano, sino el Padre, Amigo y Providencia que te habla en Cristo. Si no fuere así, detente y espera.

A la “vida religiosa” se va con Dios y en ella se permanece con Dios. Su primera “ausencia”, si la hay ha de curarse antes de ser religioso.

•  Todos los hombres reconocen la necesidad de una verdad trascendente y profundamente apta para iluminar el camino de la humanidad. Es necesidad sentida en modo diverso, pero honda y ampliamente. La fe católica…presenta al mundo su impresionante ofrecimiento. Fíjense: su ofrecimiento de fe es:

•  Ofrecimiento libre, hecho a los hombres libres y, y si lo piensas, liberador… 

•  Es un ofrecimiento gratuito y desinteresado, como el que tiene su principio y su fin en un amor infinito

•  Un ofrecimiento que no humilla a la mente humana, sino que la eleva a perspectivas superiores;

* Un ofrecimiento que no perturba el juicio propio del pensamiento humano, ni obstaculiza el trabajo en su natural y honesta fatiga, ni detiene Ia actividad temporal en sus conquistas civiles; al contrario, es un ofrecimiento que ilumina y conforta al hombre y llena Ia jornada de Ia vida con obras dignas... Lleva consigo el eterno y alegre mensaje evangélico de consuelo y esperanza para todo dolor humano, y de estímulo...a toda obligada justicia...

Profundiza en tu ser cristiano  

El hecho de ser cristiano adquiere, poco a poco, un relieve extraordinario. Estar tocado por Ia revelación de Dios, vivir en armonía con Dios que se revela, creer en su reino, poseer en el interior la santidad de Dios..., todo esto es novedad, acontecimiento extraordinario en Ia vida humana: gracia, felicidad, responsabilidad, grandeza y peligro. Con razón, en su sentido primitivo, Santo es simplemente el cristiano. Esto no quiere decir que el cristiano, todo cristiano, deba vivir experiencias religiosas extraordinarias o que deba realizar actos de fe heroicos. Al contrario, Ia existencia cristiana pasará hoy generalmente sin brillo alguno... Pero para subsistir, el cristiano deberá adquirir un conocimiento cada vez más profundo y más puro de su propio ser...

Tú vas al encuentro de Dios, impulsado por Ia mente y el corazón. Inquieto está mi corazón, decía san Agustín, hasta que logre descansar en Ti. Y Dios sale a tu encuentro con Ia Luz de su revelación y de su Amor. La razón apenas llega a Dios. La fe nos hace vivir en Él.

· Familiarización con Ia Palabra de Dios expresada en Ia Escritura.

•  Vivencia de los sacramentos como cauces de comunicación de la gracia que nos viene a través de Ia humanidad de Cristo.

· Experiencia o trato frecuente con Dios por medio de Ia oración.

· Lectura reposada, meditada, del mensaje salvador en el Nuevo Testamento.

•  Compartir Ia fe con los creyentes que viven y promueven el Reino de Dios, especialmente con los más necesitados, pobres, marginados...

· Estabilidad y equilibrio interior, proporcionados a tu edad, donde no impere Ia fuerza de las pasiones sino Ia integración de valores, entre los que desta­can los valores religiosos. Dios como sumo valor.

Postulantado dominicano
 

Tomemos Ia palabra al Eclesiastés: en Ia vida humana hay tiempos de reír y tiempos de llorar, tiempos de nacer y tiempos de morir, tiempos de deliberar y tiempos de decidir tiempos de discernir y tiempos de actuar... La historia personal de Domingo de Guzmán, Tomás de Aquino, Catalina de Siena, Martín de Porres, Rosa de Lima, Francisco CoIl, Ascensión Nicol, Maria Poussepin... nos dice que todos se conce­dieron tiempos de reposo en Ia escalada a Ia santidad, y que lo hicieron para asumir en plenitud de facultades sus decisiones más importantes. Signo de madurez humana que hemos de imitar.
Para ti, joven, es un tiempo de capital interés el que comúnmente denominamos postulantado , como antesala de Ia vida religiosa. ¿Qué significan esas palabras extrañas? Vayamos viéndolo en puntos sucesivos.

1. El postulantado es un período de transición entre Ia vida laical que has llevado hasta hoy y el noviciado religioso (experiencia profunda de vida espiritual y convivencial en orden a Ia consagración y votos). Suele tener duración de dos años ordinariamente. Pasan por él cuantos aspiran a Ia vida religiosa. Requiere una edad de relativa madurez, que varía según las exigencias de cada Congregación; y puede hacerse de varias formas: en medio de una comunidad, en grupo de aspirantes o bajo Ia dirección de una persona.

2. Dos personas intervienen en el postulantado: el postulante y Ia comunidad a Ia que llama. Y las dos tienen necesidad de ese tiempo de transición:

•  Por parte del postuante, para conocer al menos en el grado que corres­ponde a su proceso de madurez. En la vida dominicana, el candidato es el primer responsable de su formación.

•  Por parte de Ia comunidad, para conocer básicamente las cualidades o valores con que esta dotada Ia personalidad del candidato. Dicho conocimiento amplía, de una y otra parte, mirada clara, penetrante y transparente que permita comprender Ia realidad personal del candidato para que el proceso vocacional sea claro y se eviten posteriores desengaños.

•  Actitud en que se debe colocar la persona que ingresa al postulantado:

•  buscará luz y claridad en su proyecto vocacional humano-religioso;

•  intentará conectar psicológica y espiritualmente, al menos en el nivel mínimo, con el estilo. lenguaje, forma de vida comunitaria y actividad apostólica de la Orden de Predicadores;

•  intensificará su proceso de formación humana, cristiana y eclesial, utilizando los medios y personas que se le ofrezcan para profundizar en su consagración bautismal;

•  procurará descubrir los valores o ideales más relevantes de Ia vida dominicana y de la vida religiosa en general, al mismo tiempo que analiza su propia identidad en relación con ellos;

•  comenzará a ejercitarse en el diálogo convivencial, que estará favorecido por un ambiente de cordial sinceridad;

•  se preparará para una posterior acción responsable y libre: el noviciado.  

•  Objetivos específicos que se le señalan. Según distintos planos de consideración, cabe anotar estos cinco a favor de Ia persona postulante:
· Humano: perfeccionar el conocimiento de sí mismo, es decir, descubrir su capacidad, valores y limitaciones, y su disposición para asumirlos y superarlos.

· Cristiano: afianzarse más en Cristo por medio de Ia reflexión evangélica. ejercicios de oración y vivencia de los problemas del mundo en orden a preparar una comunicación más íntima con Dios y con la humanidad.

· Eclesial: vigorizar el compromiso de fe sellado en el bautismo y confirmación, enriqueciendo su conocimiento y el aprecio de la Iglesia, y participando moderadamente en actividades apostólicas de la Orden.

· Convivencial: compartir en comunidad y con otros compañeros, la vida de fraternidad: trabajo, hábitos de estudio, oración, solución de conflictos humanos intergrupales o culturales.

· Vocacional: recibirás el acompañamiento espiritual y humano con un director para acompañarte en orden a un discernimiento para certificar que la vida común y dominicana va siendo tu ideal de vida.

5. Por parte del maestro de postulantes. Parece obvio que ha de fomentar el e studio, Ia c onvivencia, Ia oración y otros muchos valores , tal como se prescribe en el programa que se establece al inicio del año de postulantado. Además, agregará paulatinamente una faceta peculiar a Ia orientación vocacional religiosa y dominicana:

· Ya tu promotor vocacional te ha presentado los diversos movimientos de espiritualidad que se dan hoy en Ia Iglesia; comunidades parroquiales, grupos de pastoral juvenil. asociaciones, institutos seculares..., dando especial relieve a las i nstituciones religiosas: jesuitas. franciscanos, hospitalarias, mercedarios, misioneras, etc.

· En cambio tu acompañante, tendrá la misión de presentarte la riqueza del carisma dominicano: visitarás comunidades de frailes, monjas de clausura, hermanas misioneras (presentes en colegios, misiones, etc.) además presencias de fraternidades laicales presentes en toda Centro América. A todo este grupo diverso pero uno, le llamamos Familia Dominicana

· Tu maestro te acompañará en el proceso de allanar lagunas en la formación humana, espiritual o cultural que puedas traer de tu país de destino. Por ello, nuestro programa de postulantado brinda la metodología para el estudio, iniciación de la oración y a la inserción gradual del trabajo apostólico. Tomará en cuenta, en esta etapa tu docilidad y esfuerzo por construir la comunidad.

•  Fomentará la comunión entre tus compañeros, te indicará los aciertos y desaciertos en la búsqueda vocacional. Animará las iniciativas y estimulará la creatividad del grupo y de las personas que integran a la comunidad.

•  Se espera de esta etapa: aprender la responsabilidad comunitaria, capacidad de convivencia y de estudio; establecer unos de los primeros valores que Jesucristo pide para su seguimiento:: dejar tierra, y familia para ir en su nombre hacia otra tierra y a vivir con una nueva familia, la de santo Domingo.

Dimensión comunitaria de la vida dominicana

“Puesto que nos hacemos partícipes de Ia misión de los Apóstoles, imitamos también su vida según el modo ideado por santo Domingo, manteniéndonos unánimes en Ia vida común, fieles a Ia profesión de los consejos evangélicos, fervorosos en Ia celebración común de Ia liturgia, principalmente de Ia Eucaristía y del Oficio Divino, y en Ia oración, asiduos en el estudio, perseverantes en las observancias. Todas estas cosas, no sólo contribuyen a Ia gloria de Dios y a nuestra santificación, sino que sirven también directamente a Ia salvación de la humanidad, puesto que conjuntamente preparan e impulsan a Ia predicación, Ia informan y, a su vez, son informados por ella” (Libro de las Constituciones de los Frailes, LCO I. 4.)

Al libro que dirige el estilo de vida de una Orden o Congregación religiosa se le llama Libro de Constituciones. En las nuestras enfatizamos que seguimos a Jesús en comunidad: A imitación de los primeros cristianos, quo vivían unidos poniendo en comunión de todos sus bienes y llevando una vida sencilla, nosotros nos congregamos en una misma casa para vivir unánimes en a la caridad, teniendo una sola alma y un solo corazón.

Es la primera referencia a una serie importante de elementos comunitarios de vida; casa o techo, pan o bienes, sencillez de medios. unión de almas, corazones y proyectos. Piedras fundamentales a las que no cabe renunciar. Si se intenta crear una auténtica vida comunitaria dominicana.

Nuestra vida comunitaria debe formar un ambiente similar al de una fa milia cristiana donde reina Ia amistad impregnada de caridad, para que en ella encontrar el clima adecuado al desarrollo de Ia madurez humana integral y donde, a Ia luz de la fe, descubramos el valor de cada persona, amada de Dios con infinito amor.

Valores a cultivar en esa comunidad son: espíritu de servicio, caridad. desarrollo integral de Ia persona, disponibilidad, amistad, capacidad de diálogo, actitud oblativa, disposición al cambio y conversión, actitud de acogida, animación espiritual mutua...

Sin duda es larga Ia serie de valores que cada religioso ha de cultivar en orden a crear un clima fraterno adecuado. Las Constituciones apuntan a que apreciemos esos valores en cuatro aspectos que fortalecen nuestra identidad, vida y misión:  

•  Comunidad humana dominicana: se construye sobre el respeto mutuo, la comprensión, Ia comunicación sencilla y alegre, Ia preeminencia de Ia per­sona sobre su función, Ia responsabilidad y participación Ia apertura a los demás, el esfuerzo personal de superación e integración, el proyecto de vida compartido y asumido.

•  Comunidad dominicana de fe: en ella adquieren singular relieve Ia vida de oración, la iniciación a la oración litúrgica vivida en comunidad, lectura de la Palabra de Dios, el celo apostólico, el espíritu de conversión, de perdón y de corrección fraterna, el sentido providencialista de vida, Ia aceptación de Ia cruz, el encuentro eucarístico, Ia piedad mariana...

•  Comunidad dominicana de consagrados: se expresa en el aprendizaje gradual de la vida consagrada a Dios y a la humanidad, esto te lleva a una vivencia gozosa. Alegría en la pobreza evangélica, cordialidad en el amor oblativo a quienes nos necesitan, sumisión-dependencia-colaboración en comunidad y con tus acompañantes vocacionales.

•  Comunidad dominicana de misión: el prenoviciado ayuda a insertar y aprender, organizar metodológicamente una acción pastoral. La acción es gradual y también importante y formativa pues es Ia comunidad misma proyectada al servicio de la humanidad, de la Iglesia.

Si te limitas, y quieres limitarte intencionadamente, a vivir de los impulsos del momento, en actitud superficial y exteriorizada, sin afán por conseguir profundidad interior y madurez reflexiva, tampoco esas condiciones te prometen alto nivel de felicidad y de fidelidad religiosa comunitaria, exigente, radical, com­prometida, apostólica. No cabe duda de que en tu intimidad existen reservas suficientes para modificar tu conducta. A ello deberías dedicar tiempo y reflexión. Es tu momento propicio.

Exterioridad o interioridad, jovialidad y seriedad, son algunos de los pares que te devolverían el equilibrio buscado.

Si tu egoísmo, amor propio o apetito de éxitos personales hacen de ti mismo centro de referencia de todas las miradas y atenciones, tienes el grave peligro de narcisismo y de hacerte impositivo en tus puntos de vista con minusvaloración de los juicios ajenos. Te urge comenzar a corregir esa propensión muy poco comunitaria o fraterna. Ahí el factor oblativo de Ia consagración religiosa queda frenado. Hay que devolverle toda su alegría, libertad y espontaneidad.

Si estás en disposición de asimilar los valores positivos, de superar deficiencias, de poner a prueba -sin demasiadas pretensiones de crear en ti un hombre nuevo a corto pIazo tu fuerza de voluntad y tus deseos de fidelidad, sigue adelanto. Has dado con el verdadero camino. La comunidad misma te hará limar tus pequeñas limitaciones y te facilitará una integración saludable.

“Para que cada convento sea en verdad una comunidad de her­manos, todos deben aceptarse y abrazarse mutuamente como miembros del mismo cuerpo, distintos ciertamente por su índole y oficio, pero iguales en el vínculo del amor y de Ia profesión” (LCO 41,1)

Dimensión contemplativa dominicana

"Contemplar, y dar a los demás los frutos de esa contemplación" (santo Tomás de Aquino)
Los dominicos nos congregamos en el Señor para vivir en fraternidad conventual. Dimensión muy importante, tanto para las comunidades de contemplativas como para las de actividades apostólicas. Pero no es la única dimensión ni la sola importante. Con ella se da la mano otro aspecto clave de IA misma vida dominicana: la dimensión contemplativa; Ia que hace de toda persona dominica alma orante, reflexiva, meditativa, profunda.  

Jamás en la historia multisecular de la Orden de Predicadores se interpretó esa dimen­sión como quietismo inoperante, fuga o huída del mundo, repliegue acobardado. Ni mucho menos. Los místicos (personas que logran una alta vida espiritual como Catalina de Siena, el Maestro Eckhart y muchos otros santos dominicos) en nuestra tradición han sido hombres y mujeres apostólicos y profundamente comprometidos con su historia social, religiosa. En dominicano, la contemplación vincula la acción.

•  La contemplación dominicana e s intensa dedicación a los valores espirituales, intelectuales, afectivos. De ellos se nutren Ia mente y corazón del verdadero dominico; en ellos se torna fecunda Ia vivencia de fe comprometida encarnada. Al alma contemplativa dominicana, interiormente rica en luz y amor, Ia palabra que mejor le cuadra es Ia palabra sabiduría: conocimiento sabroso, sabor iluminado, verdad amada, saber edificante. El dominico es integralmente contemplativo, porque es contemplativo de Dios, de sus misterios, de su amor, de su Palabra, de Ia naturaleza, de los seres humanos en su historia. La oración dominicana no debe ser mera emoción ante algo o ante alguien sino admiración y sorpresa amorosa.

•  El momento más significativo de esa actitud contemplativa se encuentra en la Oración: e ncuentro, diálogo de amor y de autoconocimiento personal; de verdad entre el ser humano y su Dios.. Encuentro que abraza a la persona y a la comunidad de personas. Esta oración en dominicano se traduce a la oración secreta (personal, meditativa o silenciosa que debe acompañar nuestra jornada) y la oración litúrgica que es oración celebrativa y comunitaria. La palabra que anunciamos como predicadores se vive, se celebra y se comparte.

•  Oración litúrgica. Se desarrolla conforme al calendario eclesial, bíblico, dominicano. Es celebración cíclica de los misterios de Dios, de la salvación, de sus santos. Conjunto estimulante de experiencias del Espíritu. A esto le llamamos el Oficio Divino, que dividido por horas en nuestras comunidades se oran en diferentes momentos de la jornada para alabar, bendecir y predicar. Aunque corresponda al noviciado ya en el postulantado, hay una pequeña inserción a la vida litúrgica y celebración dominicana.

•  Oración privada o secreta. En las comunidades dominicas esta oración se realiza en modos muy variados, conforme a normas, costumbres, ambiente y personas: ante el Sagrario, junto a Ia Cruz, al lado de un enfermo, en Ia mesa de estudio, sobre una montaña, en un grupo de oración... El relato histórico ilustrado de los modos de oración de santo Domingo es todo un símbolo de Ia riqueza oracional dominicana. Como futuro postulante se te acompañará en la lectura espiritual y en la formación e iniciación en la oración de silencio y de escucha, de alabanza, de perdón y de acción de gracias cuyo cúlmen es la eucaristía.

3. Otro momento contemplativo muy importante para el dominico es que tiene como punto de referencia Ia Palabra de Dios. En varios santos dominicos se presenta su visión personal de Cristo como Ia visión del Libro donde se contiene toda verdad salvífica, Ia que de los hombres hace santos. Se refieren a que en Ia Escritura, sobre todo en el Nuevo Testamento, se aprende a hablar con Dios, a cargar con el radicalismo de las bienaventuranzas, a obedecer al Padre y a comprometerse en favor de los hermanos. Nada extraño, pues, que los artistas hayan dirigido su creatividad a sorprender el alma dominicana con un libro en sus manos con ambas rodillas al pie de un madero: Palabra y Cruz, libro abierto, sabiduría.

4. Un tercer momento contemplativo sobre todo entre religiosos dedicados a actividades apostólicas, es ser contemplativos del ser humano en sus dolores, alegrías o esperanzas; contemplar Ia naturaleza, la historia. Como hijos de Dios o hijo de su tiempo, el dominico tiende a tener una mirada en Dios y otra en la realidad.. Sola así podremos discernir en silencio la palabra justa que los hombres y mujeres necesitan, Sólo así los profetas descubren su misión. La oración dominicana es un acto compasivo y misericordioso, como santo Domingo que oraba en las noches y gemía también nosotros preguntamos a Dios, ¿Señor, qué será de los pobres, de los pecadores, desempleados, de la juventud sin sentido?

Desde este ángulo de visión el dominico se presenta como amigo del saber y de Ia cultura. En él halla acogida el diálogo entro fe y ciencia; en la oración dominicana se logra la profundidad del estudio para predicar la Verdad, agradecemos a Dios las luchas y conquistas de la humanidad, concertamos nuestras actitudes proféticas que se convierten en anuncio y denuncio.

Para participar de la Orden, se te pide:
•  Conocimiento suficiente de ti mismo: en tus valores y contravalores.
•  Buena disposición para poner tus valores al servicio de los demás. superando tus impulsos egoístas.
•  Aptitud para el ejercicio de un sano pluralismo, que implica: respeto a los demás; educación en Ia unidad, cuando se trata de factores o elementos necesarios a Ia vida misma dominicana: educación para Ia libertad. Cuando Se trata de cosas meramente opinables; Vida en caridad, sea cual fueren los asuntos de que se trate.
•  Bondad de corazón, para no dejarse arrastrar por intereses propios o ajenos, en detrimento del bien de Ia comunidad y de Ia Iglesia.
•  Capacidad oblativa o vivencia de Ia disponibilidad. para lograr que los actos de obediencia y colaboración eclesial sean fáciles, prontos, universales...
•  Sensibilidad para captar los signos de los tiempos en Ia historia, cultura, situaciones socioeconómicas de los pueblos, ciencia, dinamismo eclesial...
•  Aceptación de los trabajos ingratos que quizá no se habían previsto, y que instintivamente nos gustaría los realizasen otros hermanos.
•  Disposición a renunciar a Ia propia fama y prestigio para que otros consoli­den su vocación y ministerio.

Dimensión ascética dominicana

No hay vida religiosa, seguimiento de Cristo, sin una cruz, sin ascesis que madure a las personas. Así lo entendieron cuantos en Ia historia de Ia Familia Dominicana tienen nombre propio, por ejemplo, nuestro fundador, los santos y los grandes maestros, contemplativos, predicadores o educadores. La cruz de Cristo forma parte memorablemente de Ia vida en sus auténticos discípulos. Otra apreciación sería engañosa, al menos por irreal. Y no es que a Ia vida religiosa se venga a sufrir, sino que Ia cruz sobreviene siempre: de forma esperada o de forma inesperada; por ejemplo como dureza de trabajo y perseverancia en lo apostólica, angustia económica, incomprensión fraterna, infidelidad del amigo, crisis familiares, radicalismo de pobreza-castidad-obediencia, servicio entre marginados, misiones en Ia selva, cuidado de enfermos...

Santo Domingo, en 1220, cuando escribió para sus frailes el famoso Libro de las costumbres, conforme al cual habrían de vivir los dominicos, tuvo dos gestos geniales:
1. Quiso que sus leyes no obligasen a culpa, es decir, a pecado, sino solo a pena, es decir, a sanción externa.

•  Introdujo la Ley de la dispensa como criterio regulador de las observancias (ayunos, oración a media noche, disciplinas...) en orden a que lo menos importante se subordinara a lo que era más importante (salud, predicación, estudio...) Su prudencia le dictaba: que los medios sirvan a los fines.  

Sin embargo, quedó muy claro allí mismo que santo Domingo, si bien no quería cargar a sus frailes con pecados, sí les exigía abnegación y ascesis: rigor, orden, silencio, cumplimiento del deber asumido, renuncia a comodidades, horario que implica sacrificios, estudiosidad a toda prueba para servir a Ia Iglesia en Ia predicación, ayunos, túnicas pobres, viviendas modestas, viajes como los hacen los pobres, disponibilidad de espíritu para menesteres desagradables y gratuitos...

En Ia historia de Ia Orden han sido ejemplo de ascetismo las religiosas contemplativas o de clausura, que unieron en sus vidas penitencia y oración por Ia salvación de las almas; y lo han sido también los misioneros que desafiaron todo tipo de adversidades. Como detalle importante. debe significarse Ia novedad dominicana del estudio corno observancia y penitencia de máximo rango, sobre todo en los frailes.

Advierte, sin embargo, hermano en proceso vocacional, que en Ia vida y legislación dominicanas nunca se hizo de Ia penitencia, ascetismo o cruz, un fin o un bien en sí. Siempre estuvieron moderados y ordenados como medios al servicio de otros valores: el amor, Ia predicación e! dominio de sí mismo, a animación de los demás, el testimonio de la presencia del Reino... Cuatro líneas aparecen marcadas en nuestra historia:
· ascesis como medio que fortalece a Ia persona;
· ascesis como integración de Ia cruz en el desarrollo normal de Ia vida humana y de Ia vida en gracia
· ascesis como factor equilibrante de tensiones personales.
· ascesis como imitación de Ia vida de Cristo pobre, humillado, muerto..
· ascesis como solidaridad con los más pobres.

En síntesis, Ia ascesis dominicana no es simplemente latigazos de disciplinas y cilicios que se propinaban como penitencia, este fenómeno hay que comprenderlo en la situación y en la religiosidad de la época. Santo Domingo en sus tres series nocturnas, san Vicente Ferrer en sus procesiones penitenciales, santa Catalina de Siena en su celda o Enrique Suzón en el trascoro conventual, Santa Rosa de Lima con sus sacrificios… es una dimensión que abarca toda Ia vida de Ia persona al servicio de Ia Iglesia y de las almas.

Dimensión apostólica-misionera

La Orden de Predicadores, fundada por santo Domingo, fue instituida desde el principio específicamente para Ia predicación y Ia salvación de las almas". (LCO 1.2) Ese fin concreto preside todo el dinamismo apostólico-misionero de Ia vida y familia dominicana, sea cual fuere el trabajo inmediato que realice cada persona. La comunidad dominicana vive proyectada hacia Ia misión, ese es el compromiso de toda la orden de Predicadores, en todas sus ramas.

“La misión de los frailes predicadores en servicio de Ia Iglesia para anunciar a las naciones el nombre de Jesucristo es un cometido de toda Ia Orden” (LCO 108)

¿Cómo cumplen esa misión las distintas comunidades de la Orden?

1. Comunidades contemplativas. Su vida es de retiro y clausura, oración y trabajo, de fraternidad y sencillez. Su propio modo de vivir ya es apostolado. Orientan su vida fraterna, orante, penitencial y laboriosa a Ia salvación de las almas. Con su testimonio oran y sostienen la predicación de los frailes. Santo Domingo las quiso así: orantes, penitentes, fraternas en comunidad. En Centro América, el monasterio dominicano "Santa María de Guadalupe" está en Nicaragua.

2. Comunidades de religiosas apostólico-misioneras . Orientan su vida comunitaria y de consagración a Ia gloria de Dios y salvación de las almas, mediante el compromiso en alguna de las variadísimas formas con que dominicos y dominicas colaboramos en Ia regeneración de Ia humanidad y expansión del Reino de Dios. en nuestra región centroamericana muchas son las congregaciones dominicanas que desarrollan los siguientes servicios:
2.1. Predomina el número de dominicas dedicadas a Ia formación integral de Ia persona a nivel infantil y juvenil, por medio de Ia educación en colegios o en otros centros.
2.2. Ocupa el segundo lugar el número de religiosas que prestan su servicio y ministerio en zonas de misión.
2.3. Algunas Congregaciones incluyen en su proyecto de vida y misión el servicio de caridad y acogida a enfermos, marginados, ancianos...
2.4. Muchas de estas hermanas insertan sus casas en medio de barriadas, zonas marginadas, regiones o diócesis carentes de sacerdotes, viviendo con intensidad su compromiso de opción por los pobres.
2.5. Algunas trabajan en investigación, prensa, radio.  

3. Comunidades de religiosos. Los ámbitos en que cumplen su misión los frailes predicadores en Centro América son diversos y variados:
· Enseñanza en Colegios. Institutos y Facultades. Trabajamos en la animación pastoral en las Universidades.
· Apostolado en comunidades dedicadas al culto, sacramentos. dirección de ejercicios y comunidades cristianas, asociaciones, movimientos espirituales. Todo esto a través de parroquias o iglesias.
· Evangelización y acompañamiento a comunidades indígenas, campesinas o repatriadas por el conflicto de guerras.
· Apostolado de Ia investigación: libros, revistas, congresos.
· Apostolado en movimientos por Ia justicia y Ia paz, promoción humana, acogida de marginados...
· Apostolado en revistas, radio, catequesis. Los Medios de Comunicación son prioritarios en la difusión de la Buena Nueva.
•  Establecer diálogo con las actuales corrientes del pensamiento sean cristianas o no; ejercicio de diálogo, amistad y oración con grupos no católicos o religiones no cristianas.

Resulta difícil entender Ia vida dominicana sin Ia dimensión apostólico-misionera. Quien habla, escribe, da una lección en clase, visita a un enfermo, acoge a un marginado, dialoga con un no creyente, administra los bienes de Ia comunidad, prepara Ia mesa y el pan, forma a un postulante, estudia filosofía, medita sobre Ia Biblia, celebra Ia Eucaristía..., tiene que hacerlo consciente de lo que dijo el apóstol san Pablo ¡ ay de mí si no evangelizare!
La forma típica del dominico en su actividad apostólico-misionera. Incluye dos dimensiones que son, a su vez, las fuentes de su energía pastoral:
•  vivir ilusionado por el proyecto y las acciones salvadoras de Dios, que admiramos y asimilamos en Ia oración y en el estudio intenso (contemplar)

•  estar presente en Ia problemática de los hombres y mujeres a los que venimos a servir. Ni contemplación puramente interiorizada, ni inserción en el mundo sin profundidad interior. Aquí es donde fructifican las dimensiones contemplativa, comunitaria y ascética de la vida dominicana.  

Dimensión cultural, liberadora, mariana  

La vida dominicana es comunitaria, contemplativa, participativa, ascética, apostólico-misionera. Y es también culta, liberadora, inserta en Ia realidad eucarística, mariana (promotores del Rosario), democrática... Efectuar una breve consideración sobre esos y otros aspectos de Ia misma prolongaría demasiado este puñado de reflexiones con el postulante dominico. Tiempo habrá para que cada uno vaya acumulando matices aquí no mencionados. Haciendo glosa brevísima de ellos, vamos a presentar tres nuevas dimensiones: La cultural, liberadora y mariana.

•  Dimensión cultural La historia de Ia Orden de Predicadores está muy vinculada al cultivo de las letras, artes, filosofía, teología y ciencias. Su carisma se lo exige: saber para enseñar, apreciar la cultura para hacer más humanos a los humanos, beber en la Escritura para poder anunciar con calor la salvación, dialogar con los distintos saberes para armonizar ciencia y fe, reflexionar sobre el hombre para discernir donde se injerta la gracia... La primacía entre los saberes del dominico la tiene bien ganada la teología. Ella es reflexión sobre el mensaje salvador. En pos de ella van Ia filosofía, el arte, las ciencias y Ia literatura.

Medio indispensable con el que ha de contar ineludiblemente todo dominico es el estudio. Medio y no fin. No se es dominico para estudiar o por haber estudiado sino para salvar a la humanidad y servir a Ia verdad que hace libres a las personas. De ahí que todo dominico deba contar con:

•  Programación seria de estudios en su carrera.
•  Dotación de biblioteca en su comunidad conventual.
•  Vocación de estudio, reflexión, síntesis.
•  Capacidad de asumir ese deber como ascesis y como medio de servicio a los demás.

La estudiosidad es una de las virtudes del dominico, y estar al día en la problemática del mundo que le rodea es su fruto. "Santo Domingo, con no pequeña innovación insertó en el ideal de su Orden el estudio dirigido al ministerio de salvación... Nuestro estudio debe dirigirse principal, ardientemente y ante todo a que podamos ser útiles a las almas de nuestros prójimos"(LCO 76, 77)

"Mediante el estudio los frailes piensan detenidamente en su corazón Ia multiforme sabiduría de Dios y se preparan para el servi­cio doctrinal de Ia Iglesia y de todos los hombres. Y tanto más se deben entregar al estudio cuanto que, por Ia tradición de Ia Orden, son llamados más especialmente a cultivar Ia inclinación de los hombres hacia Ia verdad (LCO 77)

2. Dimensión liberadora. La verdad hace libres. He aquí un lema familiar entre los miembros de Ia familia dominicana. Verdad es luz y libertad. Ignorancia es oscuridad y servidumbre. Cuando el dominico estudia Ia Palabra de Dios y de la humanidad, los gestos de Dios y de la humanidad, se coloca conscientemente en su lugar: criatura que vive en fidelidad a Él; hermano que ayuda a Ia liberación del ser humano para que cada día crezca en dignidad e igualdad por Ia verdad y Ia libertad. Y así, viviendo el pulso de Ia realidad pecadora, injusta y necesitada de conversión, el dominico actualiza su dimensión profética predicando, denunciando, exhortando, corrigiendo, comprometiéndose con Dios, con Ia verdad, con los seres humanos.
Ejemplo de esta dimensión liberadora y profética son, por ejemplo, fray Francisco de Vitoria y sus discípulos de la escuela de derecho por los indígenas en Salamanca (España); en América fray Pedro de Córdoba, Antonio de Montesinos o Bartolomé de las Casas. En ellos se cumple nuestra consigna: comunidad, estudio y ciencia para Ia misión o salvación de las almas.

3. Dimensión mariana. En la Orden hay una filial devoción a María, cada día ella tiene un capítulo importante en nuestra vida. En primer lugar, es la primera y más fiel discípula. En segundo lugar, Do­mingo de Guzmán vivió intensamente Ia presencia de Maria en su vida: como fraile con­ventual, como predicador itinerante que hacia los caminos salpicándolos con antífonas marianas, como inspirador de un método oracional evangélico (el Rosario) que funde Ia alabanza con Ia reflexión sobre Ia vida de Cristo Redentor.
En Maria encontramos:

· el modelo de fidelidad discipular a Ia voluntad de Dios,
· el modelo de entrega incondicional a Redentor,
· el ejemplo de mujer meditativa, reflexiva, silenciosa, abnegada, laboriosa,
· el ejemplo de actitud oblativa, pues ofrece todo lo que posee: Cristo,
· la presencia mediadora de amor y de gracia desde el Padre,
· la Iección de paciencia y perseverancia entre los hombres,
· la capacidad de escucha para saber discernir los designios de Dios en Ia trágica historia de los hombres,
· la fecundidad de una vida totalmente dedicada al servicio del Amor...

… ¿Hay más sobre el carisma dominicano?

Sí, la oración, el estudio, la comunidad y la predicación son nuestros pilares. Si deseas saber más sobre nuestro modo de vida, pues acércate a nuestros conventos y comunidades de hermanas dominicas (colegios). Escríbenos a: vocaciones@peru.op.org

 

 
 

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