LAS VIRTUDES DE SAN MARTIN

A pesar de haber sufrido,mil tristezas y abandono, su pobresa ha reisitido con valentía y decoro.Su vida le consagró, confortó su corazón alentó su vocación y con su fe le ayudó. ( Poema por Regina Hidalgo.1979.)

 San Martín fue un hombre de virtudes sobre todo en el ejercicio de las virtudes teologales, por que Dios es su propio objeto; por él las infunde, y por ellas tranforma al hombre en Dios, y en cierta manera lo divinizan, esto es precisamente que San Martín practicaba en su labor cotidiana.Como dice el libro del eclesiástico: Los que temen a Dios , deben esperar en él y amarle. Evidentemente en San Martín sobre salen sus virtudes de humildad y caridad.

  LA HUMILDAD

Conforme al modelo divino, fue el bienaventurado Porras, humilde de corazón, y amó la humildad hasta la muerte. Sin embargo el haber conservado la gracia bautismal, se reputaba de peor de los de los nacidos e indigno del hábito humilde que llevaba y no perdió la ocasión de humillarse, recibiendo de las unjurias y oprobios beneficios, dando claro muestras de amor y gratitud a los que lo abatían. Cuando se veía honrado de lagunas personas, destinguidas por su clase o dignidad, corría al lugar más oculto y se disciplinaba fuertemente, o si no se le proporciona sitio para la disciplina se aboteaba con dureza, diciéndose al tiempo de castigarse: perro mulato ¿cuánto mereciste? "no seas soberbio: pues bien conócete que eres un perro; que naciste para esclavo de estos señores, y que sólo por la misericordia de Dios, pueden sufrir tantos religiosos santos". Siempre San Martín se conservaba humillado y abatido, y viviendo en un convento grande entre una numerosa comunidad, fue tal su prudente cautela que alcanzó la gloria de ser perfecto humilde. Y como por muchos años se notase en él fidelidad, como enfermo y religioso, hasta que Dios se dignó manifestar parte de los dones sobrenaturales con que había enriquesido su alma, le reputaban más de un religioso ejemplar, otros un hipócrita y si algunos traslucían algo de su eminente virtud, reservaba en su interior ese piadoso concepto; por lo cual no es extraño.

 LA CARIDAD

"La celda de San Martin se había convertido en oficina de caridad..."

Fray Mantín fue dotado del más alto grado de la contemplación, pues los raptos con la elevación del cuerpo, son claros signos de la más radiante signo de la caridad y de la más íntima unión con Dios a ques se puede llegar en esta vida. El tenía una altísima meta: la plenitud de Cristo. Se movía bajo un muy poderoso impulso: el amor y la más grande caridad al prójimo. El gran secreto de su triunfo es haber sido un serafín de la caridad. En él se cumplió a la perfección lo que leemos en la Escritura del hombre caritativo: tu oscuridad se convertirá como la luz del mediodía.

 LA ORACION

"Como verdadero religioso, Martín unía el servicio intenso al prójimo, con una vida profunda de oración".

Su oración fue sin duda más elevada y perfecta desde que entró en la religión y rompió enteramente la comunicación con el siglo pues contrayéndose exclusivamente a la oración en los nueve años de su noviciado, se preparó a recibir en mayor copia los dones de Espiritu Santo, para que contemplase las verdades eternas de un momento más sublime. Y aunque por las obligaciones de su cargo fueron numerosas las horas que empleaba en la oración, es cierto que su oración lo hacía metalmente como vocal de día y de noche, en el coro, en el capítulo y dormitorio. Asi no es extraño que en su vida fuese mixta contemplación y de acción, viviendo con la vida divina de inteligencia y amor y al mismo tiempo que asistía y consolaba a los enfermos y en su trabajo serviles en el mismo convento. Fray Martín, arrebatado en éxtasis, se eleva hasta el crucifijo y succiona del costado de Jesús.

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