Hablaba con Dios y de Dios

Por el mundo ancho y ajeno

Alentado Juan Macías por estas promesas y confiado en la palabra empeñada de su amigo, resolvió emigrar en primavera, por "el mundo ancho y ajeno", para hacer la voluntad de Dios.

Urgido por una voz interior que parecía recordarle la promesa: "Téngote de llevar a unas tierras muy remotas y lejanas" Juan apuraba el paso hacia el sur de Extremadura. En su primera jornada de caminante, cruzó el pueblo de Hinojosa del Valle, avanzó tres leguas más e hizo noche en Usagre, en casa de una familia pobre y acogedora.

Entre 1ó05 y 1ó29, Juan pasó trabajando en las faenas agrícolas de Extremadura, Sevilla y Jerez de la Frontera.

"Donde quiera que llegaba buscaba en que trabajar, para ganar de comer; y de aquel escaso salario que ganaba con su trabajo, gastando tasadamente lo que había menester, para el sustento de cada día, lo demás lo daba a los pobres, a quienes ya desde entonces, comenzaba a dar el título de hermanos.(P.J. Meléndez).

Pobre con los pobres

Diecinueve años habían transcurrido desde el día que Juan Macías emigró de su pueblo natal.

Extremadura y Sevilla le han contemplado deambulando por sus calles y le han visto trabajar en sus campos, para ganarse el salario de los pobres. Una vez más, Juan Macías experimenta que, el problema social de la pobreza es el mismo en todas partes. "Esta tierra es rica para los ricos y pobre para los pobres". el pobre debe sufrir la soledad, la marginación social, los malos tratos , la explotación y la inestabilidad laboral.

A pesar de todo, Juan Macías jamás perdió la serenidad y el buen humor. Su secreto era la oración. Agarrado fuertemente a las cuentas del Rosario oraba todos los días. Con Dios iba y volvía de su trabajo. Hablaba con El en su corazón y le buscaba entre los pobres a quienes ayudaba, alentaba y evangelizaba con las verdades aprendidas en la contemplación de los misterios del Santo Rosario.

Como Abraham, confiaba en las palabras de su amigo San Juan Evangelista y, con calma aguardaba que cumpliera su promesa de llevarlo a "tierras muy lejanas", donde Dios le tenía preparada una misión.

En busca de mejores condiciones de trabajo

En sus largos años de pastor y jornalero, Juan Macias había tomado contacto y hecho buena, migas con muchos campesinos que habían salido de su tierra, en busca del mejores condiciones de trabajo porque "las condiciones de vida del campesinado empeoraban notablemente".

Juan estaba perfectamente de acuerdo con los justos anhelos de clase trabajadora; pero, la razón principal que le había urgido emigrar de su pueblo, era seguir fidelidad el llamado de Dios, aunque ignoraba cómo, cuándo y dónde le quería para realizar sus planes.

Durante su estancia en Sevilla, conoció los principales centros comerciales, administrativos y financieros que, de una u otra manera, se comunicaban con el Nuevo Mundo. Por ejemplo, conocío la Casa de Contratación de jornaleros, comerciantes, notarios, escribanos y cerrajeros. Probablemente buscó allí alguien que lo contratara, aunque sea de grumete y, por falta de experiencia en estos oficios se quedó en tierra.

Confusión

¡Qué aventuras no le ocurrieron en Sevilla, al sencillo Juan Macías! Para él todo era grande, bello, extraordinario. Cierto día, confundido por la magnitud de un edificio, y la belleza de su portada, ingenuamente se metió en él a orar, pensando que entraba a un Templo. Grande fue su sorpresa, cuando, salieron a su encuentro las "malas hembras" de una casa de cita. El incauto campesino no habría escapado de aquel lugar, sin rendirle culto a la diosa del amor, de no haberle salido al paso su viejo amigo San Juan Evangelista, quien "Poniéndose visiblemente a su lado, le cogió del brazo y le sacó hasta la calle, enseñándole el camino por donde había de ir, con cautela y más cuidado" (J. Meléndez)

Verdaderamente, Dios cuidaba de las entradas y salidas de su siervo Juan Macias.

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